LATAS DE ARENA

Según el Programa de Naciones Unidas por el Medio Ambiente (PNUMA), 6.4 millones de tonelada de residuos acaban en el mar cada año.
Ya no quedan océanos en nuestro planeta, ahora tenemos gigantescos vertederos dónde va a parar toda nuestra basura. ¿De verdad creemos que esto no nos va a pasar factura en el futuro?

Carlota era una joven de solo 19 años, que estaba en su habitación leyendo un artículo sobre la contaminación de los mares. En una mano, su tablet, y en la otra, una lata de refresco. -¿Cuántas cómo esta -refiriéndose a la lata-llegarán al mar en un día? ¿Y en un año?- El solo hecho de pensarlo le producía escalofríos. Cerró el dispositivo, dejó el envase sobre el escritorio y se fue a dormir. Esa noche no durmió, solo era capaz de imaginar escenarios en su cabeza en los que aparecían las playas más bonitas del mundo cubiertas hasta el último centímetro de latas como la suya.

A la mañana siguiente, después de haber pasado la noche en vela e ideando posibles soluciones para este problema decidió ir a ver a su mejor amigo Arnau. Arnau tenía 24 años y trabajaba de investigador en la universidad. Había estudiado biología marina y estaba estudiando soluciones para la extinción de ciertas especies marinas.
Carlota entró en su laboratorio sin primero llamar. No tenía tiempo. Necesitaba contarle a su amigo sus preocupaciones y contarle la idea que había tenido.
-No he dormido en toda la noche.- dijo la chica- Necesitó que me ayudes con algo, creo que tengo la solución.
El chico, tras escuchar atentamente a su amiga y entender su frustración y su miedo por el futuro de los océanos de nuestro planeta, aceptó ayudarla.
-¿Ves está lata Arnau?- dijo Carlota enseñando a su amigo la lata que se había bebido el día anterior- Pues bien, si cada persona del planeta tirase una de estas al mar ahora mismo el mar contaría con casi 8.000 miles de millones de plásticos nuevos, pero ¿y si esas latas estuvieran hechas de un material que al tocar la sal del mal se convirtiera inmediatamente en arena?- Arnau miró a su amiga con cara de desconcierto.
-Se que suena loco- añadió Carlota- pero sé que si alguien puede conseguir esto ese eres tú. Si no pensase que lo puedes hacer no te lo pediría. Tienes que ayudarme.-
-Te ayudaré- añadió Arnau- Aun no sé cómo, pero lo vamos a conseguir.

Carlota no asistió a clase ese día, se quedó con su amigo. Si podemos hacer vidrio con arena, ¿por qué no plástico?
Los días pasaban y lo dos amigos no hacían más que exprimir sus cabezas para dar con una solución, pero después de 5 meses de experimentos fallidos solo les quedaba pensar que estaban locos y que nunca lograrían su objetivo porque era imposible hasta que ocurrió lo imposible.
Nada más tocar el agua salada, la lata comenzó a deshacerse hasta quedar reducida arena. No podían creer lo que veían sus ojos.
Apuntaron en un papel lo que había hecho para lograr esa lata. Las mezclas y todos los pasos. Habían encontrado una solución para su problema.
-¿Sabes lo que significa esto Carlota?-dijo Arnau- Que el mundo ya no tendrá que preocuparse por las latas que van al mar. Ahora no contaminarán.

Con lágrimas en los ojos los amigos se abrazaron. Llevarían su experimento ante un tribunal y salvarían los océanos.

Carlota se levantó del taburete en el que estaba sentada y se dirigió hacia su lata de refresco. Esa que bebía el día que leyó el artículo y había guardado hasta entonces. La cogió entre sus manos y la apretó reduciéndola a un disco de metal. La miró satisfecha. Colocó su pie sobre el pedal y abrió el cubo de basura amarillo. Despistó su lata, la última lata que tendrá que preocuparse por ser reciclada.












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