El mito de la caverna

Todo estaba oscuro, no se oía ni un solo ruido en esa enorme sala. Lo único que se distinguía era un cartel fosforito donde estaba escrita la palabra exit. Era muy pequeña como para saber que significaba eso, aproximadamente unos 3 años. Tengo recuerdos borrosos de esa noche, pero de vez en cuando me viene algún flashback, como si volviera a estar ahí.
Entre todos esos recuerdos difuminados, hay uno que no se me quita de la cabeza. El momento en el que empecé a escuchar unas fuertes cadenas moviéndose, cada vez más y más cerca de mí. Descontroladamente, comencé a correr y llorar sin saber a dónde ir. Tras un minuto de llantos y alborotos, todas las luces de la sala se encendieron de manera simultánea. Me quedé en shock por unos instantes hasta que vi que las cadenas que sonaban procedían de un raíl situado encima mía.
De repente, se abrieron unas compuertas por donde salió una enorme caja anclada a los raíles del techo. La intimidante maquinaria empezó a moverse hasta llegar al centro de la habitación. Yo estaba tan asustada como intrigada por saber que contenía aquella caja. En el embalaje de la caja habían escritas unas siglas no muy familiares, HEP.
Repentinamente, los anclajes de la caja se soltaron de los rieles, dejándola caer bruscamente contra el suelo. Yo seguía encogida en una de las esquinas, que por algún extraño motivo la consideraba segura. Pasó un tiempo hasta que la curiosidad me invadió, dándome valentía para acercarme a ver que era ese extraño objeto. Una vez me encontraba a menos de un metro, se activó y empezaron a sonar engranajes dentro de ella. Volví corriendo a mi esquina.
Pensé varias veces en intentar abrir la única puerta que había en toda la sala, pero no tenía pinta de que se fuera a abrir. No tenía ni manillas ni ningún tipo de cerradura y se encontraba tan camuflada con la pared que era casi indetectable. En conclusión, no tenía escapatoria.
La caja sonaba y sonaba sin que sucediera nada. Inesperadamente, uno de los seis lados empezó a abrirse, como si fuera a soltar a una gran bestia. Sin embargo, apareció un pequeño robot con solo una rueda y unos largos brazos acabados en una pinza. La primera cosa que pensé fue que no tenía nada que temer, era unos cuantos trozos de metales unidos por cables y tubos. No me llegaba ni a la cintura y mira que era pequeña. Se acercó rápidamente con esa minúscula rueda y se presentó.
- Buenas, soy tu nuevo asistente.
Yo aún seguía inquieta, pero un poco más calmada porque no había nada que temer. Me quedé mirándole y siguió hablando.
- Ya veo que eres un poco vergonzosa, me llamo Z-1. Pero también me puedes llamar Zuno. Supongo que estarás un poco confusa y no recordarás cómo has llegado aquí. Pues bueno, te presento lo que va a ser tu nueva vida.
Cuando me dijo esas palabras, lo primero que hice fue dar un paso atrás y mirarle con cara extrañada.
- Sé que en un primer momento no parece gran cosa, pero a partir de hoy yo te enseñaré todo lo que necesitas para sobrevivir y entender tu entorno. Si tienes alguna duda pregúntamela y sin inconveniente alguno intentaré responderte.
Una vez terminó de decir esas mecanizadas palabras se dio la vuelta y se colocó delante de la indetectable puerta. Al instante, realizó un simple gesto con su pinza y la abrió sin ningún tipo de problema.
-Sígueme, me dijo.
Tras traspasar la puerta, lo primero que ví fue un holograma con lo que parecía ser unos planos del lugar.
- Con este mapa te podrás guiar a la perfección por las instalaciones, procura no perderte.
El robot se marchó rodando sin despedirse.
Pasaron 10 años desde entonces, Zuno me había estado impartiendo clases sobre distintos ámbitos de cultura como: la creación del universo, la extinción de los dinosaurios. Pero también clases de ingeniería, ayudando así a reparar algún fallo en las instalaciones.
En una de las clases, le pregunté algo que cambió mi vida por completo:
- Si los Dinosaurios consiguieron evolucionar, entonces nosotros tendremos unos antecesores al igual que ellos, ¿no?
- No puedo responderte a eso actualmente.
- ¿Por qué hay preguntas que no me puedes responder? Me estás ocultando cosas.
Dije con un tono alterado.
El robot repitió su respuesta.
Cogí la silla que había en mitad del aula y la lancé con todas mis fuerzas en un ataque de nervios. Accidentalmente, rompí una cristalera tintada que no había visto nunca. Tras ella, aparecieron una serie de seres iguales que yo. Llevaban batas y me estaban mirando fijamente.
Detrás de ellos había un cartel con las siglas de la caja donde salió Zuno y debajo ponía human experimentation process.
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