El Cambio Inesperado

Es el año 2094, Fernanda se prepara para ir al colegio. Como es de costumbre, al salir de casa se pone su chaqueta con turbinas compactas para poder volar al colegio. Por suerte, llega a tiempo sin que los robots guardias de la entrada la deje esperando fuera.

Es el primer año que todos los colegios del país han conjuntamente decidido suplantar a los profesores humanos por robots. Al principio, este cambio generó mucha polémica entre los padres, alumnos y profesores. Surgieron quejas de personas que decían que un robot no podría cuidar de los niños, mucho menos educarlos para ejercer profesiones útiles en un futuro, sin embargo, no hubo otra opción más que adaptarse al cambio.

Los robots son máquinas sumamente avanzadas, que, gracias a la inteligencia artificial, tienen la capacidad de comprender cuestiones complejas que puedan plantearse los humanos, y proporcionar una solución efectiva y racional. El objetivo de los desarrolladores de los robots es que poco a poco, aunque sigan siendo controlados por los humanos, estos androides puedan hacer las tareas de los humanos sin problema alguno, y las personas puedan vivir sin preocupaciones. Se decidió empezar este cambio en los colegios para poder corregir fallos de los robots y hacerle las actualizaciones necesarias antes de que se encarguen de otras áreas.

La primera clase de la mañana era matemáticas, la favorita de Fernanda, o eso pensaba hasta que se fueron los profesores reales. A diferencia de la mayoría de los chicos, Fernanda no estaba a gusto con el cambio y pensaba que las clases se habían vuelto monótonas y aburridas. El robot no le gusta porque no hace gracia y solamente se centra en el temario y las dudas de clase. Aunque Fernanda entendía que al ser un robot no tiene la capacidad de pensar como ella igual echaba de menos como solía ser el colegio.

A lo largo del día, Fernanda siguió pensando en lo mismo y esa noche en la cena lo conversó con sus padres. Juntos llegaron a la conclusión de que a pesar de que la intención de los grandes desarrolladores de tecnología fuera buena, la idea era utópica y el querer que todo el mundo disfrute de una vida en la que sea básicamente como estar de vacaciones no es realista.

Esto llevó a Fernanda a pensar que tal vez, si organizaban una campaña en la que se limitara el trabajo de esto robots a tareas que complicaban demasiado la vida del día a día de los humanos, las cosas podrían volver a como eran antes, que los profesores regresaran al colegio, y que mucha menos gente perdería su empleo en el futuro.

La siguiente semana organizó mejor sus ideas para la campaña y junto con más gente que compartía su punto de vista enviaron una carta a varias empresas y comenzaron a hacer publicidad para su causa. Poco a poco la gente se unió y con la persistencia y el apoyo de todos, lograron que el gobierno convocase una votación para escuchar las opiniones de la gente y ver que sería lo mejor para todos.

La votación estuvo abierta por varios días, y al concluir, se reveló que la mayoría de personas prefería conservar su trabajo antes que cedérselo a una máquina. A pesar de mostrar gratitud al servicio que proporcionan las tecnologías modernas, expresaban que trabajar les hacía sentir útiles y como que su trabajo era importante para los demás. Al ver estos resultados, el veredicto final fue que los robots podrían asistir a los humanos en sus áreas de trabajo pero sin ser autónomos, es decir, tenían que hacer caso a lo que le ordenase la gente que los manejaba.

Este acuerdo logro satisfacer a todos, los profesores volvieron a trabajar y a enseñar a los niños en los colegios, además, teniendo la asistencia de los robots para ayudarles si lo necesitaban. Fernanda acabó de vuelta en el colegio con la motivación que siempre había tenido y orgullosa de si misma por haber sido parte de una causa tan importante para su país.
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