UN LUGAR MUY ESPECIAL

Pedro era un empresario y geólogo muy conocido por el pueblo de Altamira, en Cantabria, un lugar montañoso y con mucha vegetación. Una de las aficiones de Pedro era caminar por los valles y los bosques, su estación favorita era la primavera, cuando los árboles tienen color muy verdoso. Pero lo que más le gustaba era buscar rocas en la montaña, encontraba: granito, pizarra, cuarcita y gneis. Pedro sentía que no había encontrado todos los tipos de minerales de esa montaña, así que tomó la decisión de ir en verano a explorar más a fondo la montaña. El año pasó muy rápido y al llegar las vacaciones de verano, cogió su casco, su arnés, una cuerda resistente, botas de montaña, un traje de exploración, unos guantes, una linterna y un pico de hierro. Al llegar, bajó del coche y comenzó a prepararse: se puso el traje, las botas y ató la cuerda al arnés. Se encontraba enfrente de la pared rocosa muy elevada, al palpar la superficie sintió el tacto áspero de la roca. Después de varios minutos, notó el frío debido a la altura a la que se encontraba, el cielo estaba despejado, lo único que se encontraba en el cielo era el Sol, una bola de gran tamaño formada por gases incandescentes. Cuando se encontraba a varios cientos de metros encontró un agujero en el que no dudó en entrar. Al estar dentro, la oscuridad le impedía divisar el interior del lugar, sacó su linterna y presionó el botón de encendido. Al ver dónde se encontraba empezó a buscar algún mineral. El ambiente de la cueva era templado y lo bastante grande como para ser una galería, donde podría haberse alojado algún organismo, por lo que dedujo que debía ser un ser vivo volador. Pedro se introdujo hacia el fondo de la galería, allí encontró algo que no había encontrado nunca, pero lo había visto millones de veces en los museos, era un coprolito. Un coprolito es el excremento fosilizado de un ser vivo, a juzgar de su apariencia (sobre la superficie se encontraban huesos muy pequeños y distintos restos que no podía identificar) Pedro supo que era un excremento producido por un carnívoro volador. Había una gran cantidad de ellos, con distintas formas y tamaños, pero algunos no contenían restos de organismos. Lo que era normal, pero al adentrarse hasta el intermedio aproximadamente, encontró algo fuera de lo normal, en las paredes había fósiles de moluscos con conchas enrolladas en forma de espiral. A Pedro le resulto bastante extraño, pero siguió su camino hacia la oscuridad con su linterna en la mano. Al llegar al fondo no se fijó en que había un borde que terminaba el camino, por lo que se precipitó hacia el vacío. Pedro sabía que iba a recibir un duro golpe contra el suelo al llegar hasta él, pero no fue así, porque al tensarse la cuerda notó un ligero tirón en el abdomen. Al abrir los ojos, estaba colgando de la cuerda, enfocó con la linterna que seguía sujeta en su mano y percató que se encontraba a un metro del suelo, así que desató la cuerda de su arnés y se dejó caer, al caer sobre el suelo rocoso, enfocó hacia unas ondulaciones que se encontraban sobre la superficie, eran huellas de un ser vivo terrestre, un reptil muy grande. Sería de algún animal que hubiese caído allí dentro por accidente ¿Pero por dónde había entrado? Pedro supo que eso no tenía lógica, había pasado de ser un agujero a ser una cueva que contenía huellas de animales terrestres, moluscos acuáticos y carnívoros voladores. Intentó buscar una salida que diera hacia algún lugar del bosque o hacia la costa, pero no había ningún rastro de luz entre las paredes. Al llegar a una esquina de la cueva divisó un gran charco, que al acercarse se dio cuenta de que era agua salada, entonces razonó que hace millones de años esa cueva estaba bajo el agua del mar, por eso había conchas de molusco, pero después de varios millones de años, hubo un descenso del agua y se convirtió en una cueva cercana al suelo, más tarde se transformó en una cueva a cientos de metros del suelo, dejando la cueva escondida. Después de varios minutos sintió que se le acababa el oxígeno, así que agarró la cuerda, la ató al arnés y salió por el pasillo que conducía hacia la salida de la cueva, hasta llegar al suelo. Pedro volvía una vez al mes para ver como pasaba el tiempo, sin contárselo a nadie, era su secreto, la gente le veía una vez al mes visitar en coche el bosque hasta esa montaña, para algunos era una simple montaña, pero para Pedro era su lugar muy especial.
  • Visites: 86