UN AMOR ROBOTIZADO

Aquella mañana fría de febrero, Paula, la hija de un científico llamado Edgar, estaba aburrida como cualquier otro día. Entonces se le ocurrió pedirle a su padre un amigo, ya que ella no tenía pues no era muy popular en su clase.
El padre pensó en hacerle un robot, que fuera algo más que un juguete, con forma de humano. Varios meses después, Edgar había terminado su creación e iba a regalarle a Paula el robot al que llamarían Jorge.
Aquel regalo la dejó sorprendida aunque seguía un poco triste porque sabía que no era lo mismo que tener un amigo de verdad.
Él era capaz de hacer todo lo que le pedían, especialmente lo que le decía Paula. A ella no le gustaba que Jorge fuera tan obediente, preferiría que fuera más independiente.
Un día Paula pensó que sería buena idea que Jorge desarrollara sus propios sentimientos ya que de esa manera sería más divertido jugar con él. Poco a poco ella le fue enseñando cosas como qué era el miedo, el amor, la felicidad…
Al principio Jorge no entendía muy bien lo que Paula quería explicarle, pero a medida que pasaban las semanas, él lo iba comprendiendo cada vez mejor.
Un día Paula se fue a dormir a casa de sus abuelos dejando solo a Jorge. Al principio a él no le importó, pero justo a las doce de la noche comenzó una tormenta eléctrica y como Jorge nunca había vivido una se quedó tan asustado que llegó a llorar.
Al día siguiente al ver de nuevo a Paula sintió una cosa por dentro que le gustó muchísimo. Así que un día le dijo:
-Paula, creo que estoy empezando a sentir cosas.
-¿En serio? y… ¿Qué cosas?- preguntó ella.
-Bueno pues miedo, alegría, todo eso que tú me decías, ah! y sobre todo, amor- contestó Jorge.
-¿Pero, amor hacia quién?- se interesó Paula.
-Bueno pues hacia la única chica con la que he estado, o sea hacia ti- le dijo un poco nervioso Jorge.
En ese momento Paula salió corriendo hacia su habitación. Jorge todavía no sabía por qué Paula se había ido sin decirle nada.
Al día siguiente Jorge fue a despertarla, pero cuando llegó a su habitación se quedó atónito al no verla. Se asomó a la ventana y observó cómo se marchaba en un coche. Bajó apresuradamente, pero ya era demasiado tarde. Edgar le explicó que ella se había marchado a estudiar ese curso a un internado. Ahí Jorge entendió lo que era verdaderamente la tristeza.
Un año más tarde llegó el día, el día en el que Jorge volvería a ver a Paula…
Él se preparó y fue a buscarla. Al verla se emocionó y ella se puso también muy contenta ya que después de un año le añoraba un poco, así que se fueron juntos hasta su casa. Al llegar, cenaron y se fueron a dormir pero antes de que Paula entrara en su habitación Jorge la frenó y le dijo:
-Oye, sobre lo que te dije hace un año, ¿tú qué opinas?
-Mira yo sí que siento cosas por ti, pero lo nuestro es imposible- le contestó ella.
-¿Por qué?- preguntó Jorge.
-Pues… porque tú eres un robot- contestó Paula.
-Pe…pe…pero eso no puede ser verdad- respondió incrédulo él.
-Lo siento- afirmó con tristeza ella- nuestro amor no es posible, yo envejecería y tu seguirías siendo joven.
Al día siguiente Jorge le preguntó a Paula que por qué le habían creado, Paula contestó que para que fuera su amigo y Jorge terminó esa conversación diciendo que eso estaba más que conseguido.
Yo ya soy casi un humano si no fuera porque nunca moriré…
Así que al día siguiente salió decidido hacia el laboratorio de Edgar, y allí le dijo:
-Señor, sé que soy un robot pero he conseguido desarrollar sentimientos y estoy enamorado de Paula. Como mi vida sin su hija es inimaginable, necesito que me programe para tener un principio y un fin.
Edgar contestó:
-Si es lo que Paula quiere, así será.
Tras una larga operación lo consiguió.
Jorge y Paula comenzaron una bonita historia juntos, que aún no ha llegado a su fin…
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