La fragmentación de mi alma sostenida en el tiempo

Realmente no sé cómo he acabado así. Solo, en un piso alquilado y con las deudas absorbiéndome. Me pregunto si han sido mis malas decisiones o mi mala suerte. A lo largo de mi vida me he arrepentido de muchas cosas, pero hay una la cual nunca me voy a perdonar, esa noche del 22 de diciembre del 2777. Si no hubiéramos discutido, habría estado centrado en la carretera y podría haber visto a ese coche perder el control, haber girado a tiempo y así, salvar a la otra parte de mi alma.
Me levanto de la cama y bajó al sótano, en este está la máquina del tiempo en la que llevo trabajando los últimos 3 años. Sé que hay una solución para mi difunto amor, aunque a decir verdad, no se si me estoy volviendo loco, lo más probable es que junto a ella se haya ido mi cordura. Ella es lo único que tenía y haré todo lo que esté en mi mano para recuperarla.
Todo el dinero que tenía ahorrado lo invertí en la construcción de la máquina, afortunadamente mi trabajo de ingeniero físico en el Consejo General de Física Europea (CGFE) me permitió perfeccionarme en el campo de las propiedades de la energía y la materia, así como en el tiempo, el espacio y las interacciones que tienen entre sí.
Una vez en el sótano me detengo a observar la máquina que me reunirá con ella, o eso es lo que espero. La estructura de mi máquina es compleja, se compone de una cabina de metal blindado, conectado mediante cables a un generador de energía, el cuál he modificado al unirlo con haces de electrones que sustituirán a la luz, basándome en la teoría de Galileo Galilei “lo que vemos es la luz que viaja desde el objeto hasta nuestros ojos, y este viaje toma cierto tiempo. En el caso de un objeto que tenemos cerca, el tiempo que toma la luz en llegar es tan poco que no lo percibimos” trataré de convertirme en aquella luz que puede viajar a una velocidad que supere las leyes del espacio-tiempo. Esta noche hay tormenta eléctrica, la misma que se dio la noche en la que murió mi vida. Me he aferrado a la esperanza de que entre las dos fechas haya alguna conexión lógica. En el tejado hay una estructura puntiaguda de metal que conducirá la electricidad hasta el sótano mediante un conector que he instalado previamente, el cuál se unirá a mí cabina.
Queda una hora para la tormenta, me pongo su collar, aquel que no se quitaba nunca. Era su amuleto de la suerte, la misma que necesito yo para que esto funcione.
La tormenta comienza, programo todo y rápidamente me dirijo a la cabina. Los rayos caen a una velocidad de vértigo, uno impacta en la estructura de mi tejado, siento toda mi casa temblar y un sonido ensordecedor viajar por la estructura de mi sótano, el generador estalla y la cabina comienza a temblar. Siento una presión en el pecho y todo se vuelve negro.
Cuando despierto mi sótano está ardiendo en llamas y dentro de mi cabina, conmigo, yace él cuerpo inerte de un hombre, le observó el rostro sin dar crédito a lo que veo, soy yo.
Me echo hacia atrás y atravieso la cabina, simplemente soy el alma de lo que una vez fui. Asustado, me sitúo delante del espejo del sótano y nadie aparece ante él. Estoy atrapado en el espacio tiempo, a decir verdad, mi alma. Mi último deseo es poder salvarla.
De repente, gotas de agua caen delante mía, estoy en una carretera y un coche me pasa por encima, buen momento para ser un simple alma. Y entonces lo veo, frente a mi, estoy yo.
Soy yo, pero visiblemente más mayor. Nos miramos anonadados. Él también es un simple alma; antes de que pueda asimilar lo que está ocurriendo, giro la cabeza y veo dos coches acercarse a una velocidad vertiginosa. En uno de ellos voy yo, junto a ella.
Debo hacer algo, debo impedir que ante mis ojos mi amor muera una vez más. No puedo no salvarla, esta vez no, mi yo envejecido al parecer piensa lo mismo y ambos nos dirigimos hacia los coches. A decir verdad no sé que voy a hacer para impedirlo.
En ese instante, los coches impactan y el accidente ocurre. Me quedo inmóvil mirando los cuerpos del coche, el de ella inerte y el mío vivo.
“Mi yo del pasado, del presente y del futuro; juntos en el morir de nuestra alma, junto a ella me voy, o lo que queda de mí. Dichoso el destino, del cuál eres, el cuál impide que te salve; aunque lo trate desde tres universos distintos”.
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