Manuel, y su historia médica

Era un día normal para Manuel, un hombre de 53 años que tenía su esposa e hijos, y vivían en Madrid. Como todos los días se despertó a las 6:30 de la mañana para ir a trabajar. Él trabajaba en una agencia inmobiliaria, y hasta su oficina tardaba unos treinta minutos. Justo ese día tenía que recibir a un matrimonio, ya que estaban interesados en la compra de un piso. Después de aportarles la información necesaria sobre el piso, el matrimonio quiso ir a visitarlo y si les gustaba lo compraban en el momento.

Una vez llegaron al piso, y Manuel comenzó a explicarles la distribución del piso, los materiales de las paredes, etc; empezó a sentir, mientras hablaba, ciertas sensaciones en los pómulos, en los párpados y en la boca, que no sabía a ciencia cierta si era dolor o calambres, era una sensación indescriptible; en ese momento no le dio importancia.

Después de que ese matrimonio se decidiera por comprar el piso, llegó la hora de comer, y Mnuel ya podía irse a casa porque el resto del día no trabajaba. Llegó a casa y se puso a comer con su familia, y mientras comía le volvió la sensación que tenía antes, pero con una diferencia, y es que ahora la percibía como un dolor, y mucho más intenso que antes. Siguió sin darle importancia, y se dio cuenta que de vez en cuando, le daban pequeños ataques de dolor, otros de calambres, en una mitad del rostro, que no siempre duraban el mismo tiempo. Estos ataques permanecieron constantes durante 2 días y por ello, decidió visitar a un médico.

Fue a la sección de urgencias en un hospital de Madrid, y el médico que le recibió solo le dijo que lo que le pasaba a Manuel es que tenía mucho estrés por el trabajo, y que lo que debería hacer es reducir la intensidad en su trabajo. Manuel le presentó este informe a su jefe, y le concedió una semana libre. Pero los ataques seguían ahí. Por ello, decidió pedir consulta con un neurólogo, éste le realizó un examen neurológico, que se basó en la palpación por diferentes partes del rostro, para ver cuales le dolían al paciente. Tras este examen, el neurólogo le diagnosticó neuralgia del trigémino.

El neurólogo le dijo: - la neuralgia del trigémino es una afección que provoca sensaciones dolorosas que se pueden percibir como una descarga eléctrica, y es por ello Manuel, que usted tiene una sensación bastante difusa, y no llega a saber con certeza si es dolor o un calambre-. En ese momento, Manuel ya comprendió porque pasó todos esos días con esos ataques, pero todavía no sabía si se podría curar. El neurólogo le dijo que había diferentes formas de curarlo, pero optó por la descompresión microvascular, ya que es la que menos probabilidad tenía de que el dolor volviese en unos años.

Manuel le preguntó al médico que de que se trataba ese procedimiento, y el neurólogo le respondió: - en este procedimiento lo que haré será realizar una pequeña incisión tras las orejas y a través de un orificio en el cráneo, alejar el nervio trigémino de las arterias y venas cercanas. Si es necesario, porque alguna vena comprima el nervio, se podrá extirpar. Lo único es que tiene ciertos riesgos, como pérdida parcial de la audición, debilidad facial, etc. Es la que mejor resultados tiene ya que, en la recuperación solo tendrás la cara inflamada, y a largo plazo solo vuelve el dolor en tres de cada diez personas-. Manuel estuvo de acuerdo en todo y se sometió a la cirugía.

Manuel se fue recuperando poco a poco, y tras tres días en revisión en el hospital, pudo volver a casa. Por recomendación del médico, pudo hacer una vida normal durante tres semanas, pero sin trabajar; y pasadas estas tres semanas pudo volver al trabajo y a recibir clientes para la venta de inmuebles.
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