El humano fotosintético

Era una tarde muy ajetreada en el laboratorio más prestigioso de Boston, donde trabajaban un grupo de cincuenta científicos, entre los que se encontraban biólogos, químicos, físicos y biotecnólogos. Estaban intentando encontrar la solución a uno de los grandes problemas para poder crear vida en marte: ¿Cómo se generará la comida para los futuros habitantes de este? Se planteaban diversas soluciones, como que se enviara en cohetes periódicamente o crear fábricas que puedan crear comida completamente artificial, pero ninguna de estas era viable a largo plazo.
Tras muchos meses y mucho esfuerzo empleado en proyectos fallidos, el problema llegó a oídos de Hugo, un estudiante de biomedicina de la universidad de Valencia, el cual tuvo una fascinante idea, pero disparatada al parecer de muchos. Esta consistía en crear un ser humano autótrofo, que pudiera nutrirse solo gracias a la fotosíntesis, pues en marte disponemos de la luz del sol, CO2, materia inorgánica y agua. Esto se lograría cogiendo un óvulo humano, quitándole el núcleo, e insertando el núcleo de una célula animal con el genoma combinando con el de una célula vegetal. Según lo planeado el producto sería un ser humano con la misma capacidad mental y motora que nosotros. Presentaría grandes cambios, como un tono de piel verde, debido a los cloroplastos, estomas en la epidermis de la parte interna de brazos y piernas, lenticelas en el tronco… La sangre no correría por arterias y venas, ahora encontraríamos el xilema, un conducto formado por células muertas por el que correría la savia bruta, y el floema, un conducto de células vivas por el que correría la savia elaborada.
Hugo, tras estudiar y mejorar su idea hasta el último gen, decidió enviar un correo a la central del laboratorio, con la esperanza de que al menos leyeran su propuesta a pesar de saber lo difícil que es que escuchen a un mero estudiante. Tras muchos meses de espera, una científica leyó la propuesta y la compartió con el grupo, y como era de esperar, a todos les pareció una locura basada en una burla hacia su sistema por lo que, sin pensarlo dos veces, la descartaron. Pero, aun así Samantha, la científica que había leído el correo, decidió contestar, pidiendo más información y detalles, para ver si realmente era viable desarrollar la idea.
Con mucha euforia e ilusión, Hugo mandó fotografías de todos sus esquemas, resúmenes, gráficas, datos y diarios de trabajo, absolutamente todo lo que tenía. Justo una semana después, llamaron a la puerta de la habitación de la residencia de estudiantes en la que vivía Hugo, ¡Era Samantha!, estaba allí para desarrollar junto a Hugo la hipótesis que tanto le había fascinado leer.
Al día siguiente, el lunes 22 de septiembre del 2001, empezaron a desarrollar el proyecto juntos en el laboratorio de la universidad de Hugo, lo hacían por las noches, cuando no había nadie en la universidad, además Samantha no podía emplear todo el día, pues debía seguir trabajando para su anterior empresa, pues no podían sospechar que estaba trabajando en el proyecto que habían rechazado.
Los días pasaban y el proyecto de Samantha y Hugo cada vez era más real, iban reajustando valores y ya estaban muy cerca de llegar a la secuencia genética que contendría el zigoto, pensando a su vez en como cambiaría y fantaseando en las mejoras que obtendría tanto genotípica como fenotípicamente gracias a la evolución, tal y como explicaba Darwin. Además, tenían la certeza de que una vez crearan el ser, solo necesitaban crear otro del sexo opuesto para que se pudieran reproducir, esperando que esta fuese fértil y a partir de entonces la especie sería imparable, pues transmitirán sus genes de generación en generación, tal y como explicaba Mendel con su famoso experimento de los guisantes.
El 28 de marzo del 2004, crearon por primera vez ese zigoto. Samantha se encargó de secuenciar meticulosamente cada fragmento de la serie genética y Hugo, de extraer el núcleo del óvulo e introducir el nuevo. Ahora solo faltaba esperar a que finalizara el proceso de gestación, que se produciría en una máquina alejada del exterior, para no dejar que influyera ningún factor externo.
Tras nueve meses, finalizado el proceso de gestación, obtuvieron una preciosa criatura perfecta, tal y como la esperaban, a la que bautizaron como Greg, por Gregori Mendel. Cuando recibió por primera vez la luz del sol, sus ojos iluminaron, miraba a todo su alrededor y se movía enérgicamente, demostrando así que su teoría era cierta, se estaba alimentando.
Y a pesar de que muchas empresas estaban dispuestas a endeudarse por comprar a Greg, Samantha y Hugo decidieron crear a un ser como él, pero del sexo opuesto, para que la especie continuara, y dejarles libres, no querían castigar a un pobre bebé de por vida, sometiéndole a miles de pruebas o viviendo como objeto de laboratorio, pero, ¿Hicieron lo correcto?
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