Hay golpes que llegan cuando menos te lo esperas

Me llamo Thomas y soy de Gran Bretaña. Vivir en un pueblo en el siglo XX no es precisamente cómodo. Necesito viajar a la ciudad a menudo por diversos motivos. Entre ellos, ir a un médico decente.


Siempre he gozado de buena salud. A pesar de no haber recibido una educación como dios manda, me han enseñado lo suficiente para saber que una buena salud se basa en actividad física y comer regularmente. Camino durante una hora todos los días para ir a trabajar a la mina y es sabido por todos que la comida de pueblo es mejor que la de ciudad. Sin embargo, tras dos meses con molestias en el pecho, tos y dificultad para respirar, decidí que era hora de recibir ayuda médica. ¿Cómo era posible que me diagnosticaran cáncer de pulmón?


El doctor me explicó que todavía no se sabe mucho acerca de aquella enfermedad. Que las zonas más comunes son los senos y el colon. No entiendo cómo puedo tener una enfermedad que suele afectar en los senos, en mis pulmones. Lo entendí cuando le expliqué al doctor mi día a día, y me dijo que inhalar los gases de la mina provocaba cáncer de pulmón. Nadie me dijo cuando empecé a trabajar que por pasar tantas horas en una mina te ocurrían estas cosas.


El peor momento fue cuando me dijo que no existe tratamiento más que comer sano y cuidarme. Sin embargo, se están haciendo experimentos con radiación para ver su efecto sobre un tumor. En un futuro será una enfermedad curable. O al menos eso dijo el doctor. No entendí muy bien lo que dijo.


“Doctor, ¿Cuánto tiempo me queda de vida? Quedan cuarenta días para navidad. ¿Crees que me va a dar tiempo?, es para saber si colgar las luces o colgarme yo.” Dije con un tono sarcástico. El doctor echó una carcajada.


“Como mucho cinco años, así que le da tiempo a colgar las luces unas cuatro veces” Respondió. “Si hubieses venido tan pronto como empezaste a tener síntomas, habrías tenido más tiempo de vida.”


Salí de la consulta maldiciendome por haber empezado a trabajar en aquella mina, por beber tanto alcohol. Siempre quise llegar a los sesenta, pero no va a ser mi caso. 


Cuando mis compañeros de trabajo de la mina se enteraron que la causa de mi enfermedad fue inhalar los gases de la mina, la mitad dejaron el trabajo y se hicieron pescadores. Al menos mi enfermedad evitó que otras muchas personas padecieran esa enfermedad en un futuro.


Además, toda mi familia se cuida más desde que se dio cuenta de que un cáncer le puede llegar a cualquiera. Especialmente si eres yo, que me pasa todo lo malo. 


Mi mujer, que se preocupa por mí, intentó ayudarme.


“¿Por qué no pides ayuda a la sanadora del pueblo? Dicen que su brujería cura enfermedades”. Entonces mi hija que está deseando recibir la herencia intervino.


“No le hagas caso papá, no vayas que te van a acusar de brujería. Un día le ves mintiendole a pobres desgraciados sobre curas milagrosas y otro día la ves calcinada en un palo. Todas acaban igual.” Dijo la malnacida de mi hija.


Supuse que no tenía nada que perder, así que fui. La sanadora vivía en una cueva. Entré y la vi removiendo algún tipo de líquido en un caldero. Qué original.


“¿Qué estás haciendo? ¿Una pócima para mantenerte joven?” Pregunté sarcásticamente.


“Más o menos. Se llama puchero, ¿Quieres tomarlo conmigo?”


Nos sentamos a comer. Le expliqué mi situación.


"Todas las enfermedades pueden curarse con las habilidades necesarias. He curado personas en una peor situación y he hecho milagros. No hagas caso a los doctores, no quieren que la magia se use para ayudar a las personas como usted para usar las técnicas médicas que nadie entiende y sacarte todo el dinero." Me explicó intentando convencerme perspicazmente.


No sé hasta que punto es verdad lo que afirma, pero si es capaz de ayudarme valdrá la pena seguir hablando con ella.


“Serán veinte libras para librarte de cualquier enfermedad, y cuarenta si quieres gozar de una buena salud.” Dijo comerciando sus poderes.


“Señora, me sale más barato morirme.” Dije, me levanté y me fui. Esa mujer tenía pinta de ser una estafa como una casa.


Así viví los últimos años de mi vida. Me consuela pensar que en un futuro habrá la tecnología necesaria para curar esta enfermedad. Me consuela aún más no haber gastado dinero en esa estafadora, que más tarde resultó ser un fraude. El puchero estaba muy bueno, todo hay que decirlo.


La noche de mi muerte soñé con un futuro lejano. Ángeles con batas de doctor ayudaban a personas como yo. Ningún humano tendrá que pasar por lo que yo pasé por haber nacido en mi época.

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