Fuertes sensaciones

Blanco. Eso es lo primero que veo al abrir los ojos. Un sol deslumbrante me ciega por completo. Noto los pies mojados, la espalda también. Estoy tumbada en la arena húmeda. Vuelvo a cerrar los ojos y me quedo escuchando el rumor de las olas al romper en la orilla. El viento fresco me acaricia la cara y me revuelve el cabello, también mojado y lleno de tierra. Podría estar así durante horas.

De repente oigo pisadas, pasos apresurados que se dirigen hasta donde estoy yo. Me incorporo rápidamente. Me fijo entonces en cómo voy vestida, con un atuendo claramente militar. La persona que se dirige hacia mí también es un soldado, que comienza a gritarme. Al principio no entiendo qué intenta decirme, aun estoy demasiado asombrada por todo lo que me rodea como para concentrarme en sus palabras. Sin embargo, cuando llega hasta mí, me agarra fuerte del brazo y me saca de mi ensoñación.

—¿Dónde te habías metido? ¿Estás bien? ¡Tenemos que irnos, ya viene! —el suelo comienza a temblar, y a lo lejos se escucha un rugido aterrador.
—¿Cómo… qué ha pas…?
—¡El experimento ha salido mal, han logrado reconstruir el ADN, pero no han podido controlarlo y ahora está suelto! ¡Deprisa, nos va a alcanzar! —miro hacia el lugar del que proviene el ruido y veo los árboles agitándose violentamente. Aún sujetando mi brazo con fuerza, el soldado tira de mí y comenzamos a correr, tan rápido que todo a mi alrededor se vuelve borroso.


No puedo más, me asfixio, necesito parar, coger aire, respirar. No sé cuánto rato hemos estado corriendo, no sé donde estamos, pero el temblor inicial de la tierra es ahora un sordo retumbar que lo envuelve todo. Noto cómo me fallan las piernas y caigo al suelo, incapaz de seguir en pie. Mi compañero se detiene y me mira por encima del hombro. Hace ademán de ayudarme a levantarme, pero entonces levanta la cabeza y su mirada se posa en algo gigante, justo detrás de mí. Cada centímetro de su cara se contrae en la más pura expresión de horror que he visto nunca. El miedo se apodera de mí. Aún tirada en el suelo, con el corazón latiéndome a mil por hora, giro la cabeza lentamente y mis ojos se encuentran con la criatura. Es gigante, aterradora, una enorme masa de escamas verde pardo y afilados dientes que destellan con la luz. Las patas traseras son musculosas, en contraste con los cortos brazos delanteros, pero todas sus extremidades terminan en robustas garras; y la larga cola se agita de un lado a otro mientras el dinosaurio se aproxima terroríficamente hacia mí, rugiendo, la mandíbula abierta de par en par.

Entonces lo comprendo: no tengo escapatoria. La ansiedad se apodera de mí, la presión en mi pecho es insoportable, me zumban los oídos, las lágrimas se deslizan por mis mejillas, y cierro los ojos, aguardando el fin, con cada detalle de aquel monstruo grabado en mi retina… Y todo se vuelve negro.


FIN DE LA SIMULACIÓN —unas letras rojas aparecen de la nada sobre el fondo oscuro.

Entonces noto cómo unas manos me ayudan a despojarme del prototipo del casco y el traje. Al mirar a mi alrededor, reconozco las caras de todos los científicos, ingenieros, desarrolladores, médicos y demás personal que a lo largo de los últimos años ha trabajado conmigo para hacer realidad lo que acaba de ocurrir. Una de ellos, la líder del proyecto, se acerca a mí con una gran sonrisa en la cara y me pregunta —¿Y bien? ¿Cómo ha sido la primera experiencia en ultrarrealidad virtual hipersensorial con maxidetalle, desarrollada con la tecnología más avanzada que existe en todo el planeta, y diseñada para no ser capaz de distinguirla de la realidad?

—Ha sido… —jadeo, aún no he recobrado el aliento —Ha sido increíblemente real.
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