HAY VIDA EN EL ESPACIO

¿Recuerdo algo de lo que ha pasado? ¡Pero si ni siquiera tengo cerebro! No puedo recordar nada. Eso es cosa del telencéfalo de los mamíferos. Yo no soy un mamífero. Algunos ni dirían que soy un animal terrestre. Pero lo soy. O al menos lo era. Porque ahora estoy suspendido en el espacio, en un estado de criptobiosis, o cuasi-vida como algunos dirían. gracias a un proceso de deshidratación por las IDPs* que codifican mi genoma. El porqué de mi estado actual no puedo decirlo, no porque no quiera, sino porque, como ya he dicho, no tengo cerebro. Pero tengo un sistema nervioso, sí. Así que puedo sentir el frío del espacio y las condiciones extremas a las que estoy sometido. Por eso, yo junto con mis otros compañeros de viaje estamos en algo que los humanos dirían como una hibernación, pero extrema. Es curioso cómo los humanos se intrigan con nosotros, con nuestra fisonomía o con nuestra capacidad de sobrevivir en los lugares más recónditos de la Tierra. Debe ser por esa curiosidad humana por la que ahora estoy aquí. Debe ser también por lo que muchos de mis compañeros están en laboratorios, con humanos esperando que su genoma sea la solución para muchas de las enfermedades que azotan a esa especie. Probablemente los Homo sapiens se estén preguntando si los que estamos aquí, en el espacio, seguimos vivos. Al menos la población de seres bípedos que van con el conocimiento por bandera sí que lo hacen, porque seguro que hay gente que ni sabe que nosotros existimos. Pero lo hacemos. Somos eucariotas, animales, eumetazoos, protóstomos, ecdisozoos y del taxón Panarthropoda. Somos, probablemente, la única forma de vida en la Luna de la que los seres humanos tengan constancia. Somos los tardígrados.

*IDPs: Proteínas Intrínsecamente Desestructuradas
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