El Dolor Fantasma

Ismael, hombre intrépido y aventurero, se encuentra tendido en la cama de un hospital en Chipre tras un descanso de 9 años de letargo tras un incidente militar. Ismael era un inexpugnable militar, que tras una batalla durante la crisis de los misiles Cubanos en 1962, se desvaneció tras el dolor de varias hemorragias internas que atormentaban su cuerpo. No era cualquier tipo de dolor, era algo más que aquello: era un dolor indistinguible para el ser humano, era un dolor fantasma.

-Por fin despierta, Jefe- exclamó titubeando la enfermera del hospital, sorprendida tras ver cómo el paciente que tanto cuidó despertó de su estado marasmático.

Ismael era conocido como El Jefe, nombre concebido tras la notoria valentía que él adquirió tras derrotar a la legendaria comandante soviética Voyevoda, mujer invicta en todas sus peleas hasta el encuentro.

-¿Dónde estoy?- Fue lo primero que la cabeza de Ismael permitió pensar vagamente tras un estado de reposo tan longevo, que debido a su duración podría haber acabado con su actividad cerebral e inclusive su vida.

Debido a la ausencia de su función, Ismael sólo podía abrir los ojos lentamente en períodos cortos, incapaz de decir alguna palabra o distinguir la situación que estaba transcurriendo. Lo que rondaba en la cabeza constantemente de Ismael era cómo, aún habiendo pasado tantas situaciones e incidentes dañinos para su cuerpo, ¿cómo era posible que se ausentara un grave dolor en él?

3 A.M, 26 de Diciembre de 1962.

La crisis de los misiles Cubanos finalizó junto al acuerdo del presidente Kennedy y el capitán Soviético Jruschov. Ismael lleva 3 meses despierto. Poco a poco recuperó la respuesta cognitiva y fue liberándose de las consecuencias del estado de coma. El habla y el apartado psicomotriz volvió en sí, excepto algo relativamente importante: el dolor.

Esa insensibilidad , era un fenómeno no describible hasta el momento por doctores de la época. La insensibilidad congénita al dolor es una enfermedad que se presenta al nacer, la cual provoca la incapacidad de percibir sufrimiento, patología que Ismael presenciaba. Pero este fenómeno no se manifestó hasta el incidente que lo dejó en estado letárgico.

Despacio pero constante. Ese era el estado de la rehabilitación de Ismael y cuando por fin pudo levantarse de la cama, algo le sorprendió. Su extremidad superior derecha, el brazo con el que disfrutaba su comida, la mano con la que acariciaba a su familia, algo tan vital con lo que su arma podía ser empuñada, desapareció de su lugar.

La primera reacción que pudo hacer Ismael fue la negación, el primer paso de la desesperación, seguido por un robusto choque de la realidad que hizo exclamar un grito de agonía a Ismael.

-¡¿Qué es esto?!- Fueron las primeras palabras que salieron de esa boca necia, no podía creer lo que sentía y observaba. ¿Como no me he dado cuenta en todo este tiempo? Fuertes palabras redundaron en la cabeza de Ismael, seguidas de un espasmo de dolor que retorció el cuerpo y alma del hombre. Eso que no encajaba, ese dolor ausente, resurgió de sus cenizas, pero no en cualquier sitio, sino en su extremidad amputada, se manifestó por primera vez el dolor fantasma.

Diversos doctores y enfermeras trataron de calmar al militar lisiado, que a causa de un dolor tan agonizante se retorcía perturbando la calma del hospital donde residía. Hicieron falta varios anestesiantes para tranquilizar a Ismael, que al despertar entabló diversas conversaciones con psiquiatras licenciados soviéticos.

Este fenómeno era único en la época. Oficialmente no existía un tratamiento para esta patología dentro de Centroamérica o Europa, solo existían especulaciones de la causa por mano de diversos científicos estadounidenses, haciendo inexplicable la patología del militar.

Era algo con lo que tendría que vivir para siempre. Le acompañaría en el resto de su trayectoria como ex-militar, donde con un brazo ausente no podría acariciar como es debido a su familia ni trabajar eficientemente como antaño.
Era una marca permanente, que cada noche le haría recordar lo miserable que era su vida.
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