CLINICUS CORPORATION S.L.

CLINICUS CORPORATION S.L.
Iba a ser un largo día, muy largo…

Reunión urgente del equipo de calidad en Megacorporación Sanitaria Clínicus. Demanda por imprudencia temeraria: fallecimiento por superbug. ¡Impensable en el siglo XXI! Era una causa de muerte anecdótica pero recordaba la vulnerabilidad de los humanos frente a los microorganismos. Se había ganado la batalla al COVID-19, a la viruela del mono… pero no a las infecciones hospitalarias. Visualizó todo en su cerebro...

JMR eligió Clinicus por su calidad, sus profesionales, su tecnología. El mejor hospital. Los premios, las estancias medias, la mortalidad intrahospitalaria, la tecnología, a un click de móvil…¡Cinco estrellas!. Su médico había realizado el algoritmo correspondiente y la duración de la intervención, recuperación, secuelas, infección hospitalaria — mínima— estaba en su Historia Clínica Digital. En el registro del Colegio Oficial de Profesionales Sanitarios Europeo leyó la información del equipo médico, actualizada y accesible: profesionales en activo, especialidad, procedencia, revalidación,... Los profesionales debían actualizar sus conocimientos científico-técnicos y habilidades profesionales después de especializarse vía ETMIR (European Test for Medical Internship Residency). Se necesitaba un número mínimo de intervenciones y de años trabajados para renovar la licencia. La precariedad de profesionales que tantos problemas había ocasionado el siglo pasado era historia.
Las infecciones hospitalarias habían sido la pandemia del siglo pasado, la resistencia antibiótica había aumentado tanto que una infección por superbug significaba la muerte. Aunque la incidencia hubiera disminuido considerablemente con la Ley Europea de Salud Pública. Se recogían datos, se elaboraban informes y se enviaban al hospital, al centro nacional de epidemiología y al European Centre of Communicable diseases. La dispensación y uso de antibióticos, sobre todo en hospitales, se regulaba como los mórficos en el siglo XX: receta especial con huella digital del prescriptor. Los Superbugs habían ganado la carrera al cáncer y eran de nuevo la primera causa de muerte. Desarrollar nuevas moléculas para tratar superbugs no era rentable para las farmacéuticas. De ahí la regulación estricta de las infecciones hospitalarias por la OMS.

El coste en Clinicus era asequible. La cobertura sanitaria era universal, pago capitativo impuesto por el Sistema de Salud Europeo. Su seguro privado, complementario de la sanidad pública lo cubría. Libre elección de hospital —a nivel europeo—; la red de hospitales había disminuido drásticamente. Hospitales ineficientes cerraron o se reconvirtieron en centros de larga-estancia.

JMR llegó puntual a Clinicus. Introdujo el código de su fitbit. Un celador le condujo a su habitación. Conectó el ordenador a su dispositivo electrónico y comprobó que los datos eran correctos. El cirujano llegó puntual, se presentó y repasó con JMR los riesgos de la intervención; comprobó que JMR había entendido correctamente la información y ambos firmaron el documento digital de consentimiento informado. La residente de medicina preventiva también pasó. Había sido complicado conseguir una plaza de ETMIR en Clínicus. Hablaba varios idiomas. Había trabajado como voluntaria en distintos dispositivos asistenciales. El postgrado en Atención Primaria y Hospitalaria era europeo con una escapada a China y al Magreb. La competición había sido dura. Explicó —una vez más— a JMR el protocolo de infecciones hospitalarias. JMR había observado con agrado, que ningún profesional llevaba anillos, pulseras, relojes… etc, que las uñas estaban limpias, cortadas y sin esmalte. Los profesionales se lavaban las manos al entrar a la habitación. No había colillas en las escaleras y nadie paseaba “de verde” fuera de zonas estériles; algo habitual en el siglo pasado…
La intervención fue un éxito con rangos de eficacia y eficiencia adecuados. JMR esperaba el alta cuando apareció la fiebre. Microbiología detectó un superbug y envió la notificación pertinente; preventivista, cirujano, farmacia, infecciosas, enfermería y epidemiología la recibieron instantáneamente. Un superbug era una complicación terrible; no había tratamiento… las malditas resistencias antibióticas. Un grave problema grave heredado del siglo XX; el abuso de antibióticos por industria, pacientes y profesionales sanitarios…A pesar de los esfuerzos de Clinicus, JMR falleció por un fallo multisistémico. La noticia saltó a la web inmediatamente.

Proceso de investigación, entrevistas de personal –desde limpiadora hasta cirujano–, revisión de material, análisis del procedimiento... Se encontró la causa. Se redactó el informe. Se envió a epidemiología nacional e internacional. El equipo de calidad de Clinicus actualizó los protocolos. El equipo legal de Clinicus se ocupó de la gestión de la demanda. Se pagó la indemnización económica propuesta por la Ley de Derechos y Deberes del paciente. Todo el proceso fue personal y personalizado.

Al final del día, volviendo a casa, reflexionaba sobre los cambios en la profesión y la medicina en general. Mejor formación técnico-científica y humanística. Atención personalizada, integral e integrada incluyendo la dimensión humana. Sistemas de Información fiables, comunicación entre profesionales rápida y eficiente. Asistencia sanitaria segura y eficaz. Mientras abría la puerta de casa, sonreía recordando su residencia en Medicina Preventiva de un macrohospital español hace años…los superbugs seguían ganando la partida…


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