SINCROBOT

Nada tenía que ver la experiencia presente con su anterior visita hacía ya 45 años. Las excesivas tareas de docencia y gestión no habían permitido a Marco dedicar demasiado tiempo a la investigación, ni poder participar en experimentos en el sincrotrón y otras grandes infraestructuras, que tanto le gustaban. Recordaba con excitación su primera vez, siendo estudiante de máster en Grenoble. Su tutor le había invitado a participar en una sesión de experimentos para que tuviese la oportunidad de conocer el ESRF, ya que las medidas que iban a efectuar estaban relacionadas con el proyecto en el que tendría que participar.
Tras aquella primera experiencia, muchos habían sido los experimentos excitantes llevados a cabo y los resultados interesantes y, en ocasiones inesperados, que había obtenido. Primero como estudiante de tesis, más tarde como postdoc y, finalmente, como profesor titular liderando su propia investigación. Recordaba las fatigantes jornadas, en las que apenas se dormía un puñado de horas, sentado frente a los múltiples ordenadores necesarios para controlar el experimento (haz, cámara, señal, detector, control de la temperatura, etc). La dificultad de obtener acceso, junto con el elevado coste de tales infraestructuras, se traducían en una obligación moral de no desperdiciar ni un segundo del tiempo asignado para los experimentos.
Esta vez era diferente. Además de las pantallas, los científicos de la línea y los estudiantes, estaba Sincrobot, un Robot dotado de inteligencia artificial. Los Sincrobots habían sido inicialmente entrenados para hacer el seguimiento de los experimentos en las horas nocturnas, cuando la fatiga y el cambio de ritmo no permiten a las personas dar el máximo rendimiento. Los resultados que se habían obtenido con los primeros Sincrobots eran mejores de lo esperado. Tras los primeros meses, y gracias a los algoritmos desarrollados por una empresa de inteligencia artificial de París que colaboraba con el ESRF, los Sincrobots eran ya capaces de realizar los montajes experimentales, cambiar las muestras, lanzar los experimentos de rutina y llevar un perfecto seguimiento de todo lo sucedido en su diario de laboratorio digital integrado.
Hasta aquí sus capacidades no eran más que un simple remedo de lo que los científicos de carne y hueso podían hacer, pero con mucha más destreza, velocidad y a prueba de errores, lo cual en el caso de científicos era algo habitual, especialmente durante la noche. Tras estos éxitos iniciales, el desarrollo había continuado. En pocos años, los Sincrobots eran ya capaces de solucionar problemas técnicos, y los de última generación eran incluso capaces de analizar los resultados en tiempo real y sugerir nuevos experimentos en base a los resultados obtenidos y a la literatura (rápidamente analizada). Gracias a ellos, el avance de los científicos en diferentes campos había sido muy rápido.
Sin ir más lejos, el ESRF utilizaba energía suministrada por un minireactor de fusión nuclear, construido con unos nuevos materiales magnéticos y cerámicos que habían sido descubiertos gracias a la inteligencia artificial de los Sincrobots. Los Sincrobots también habían contribuido de manera decisiva en el avance de la comprensión de los cambios estructurales de ciertos grupos de proteínas que estaban relacionados con el desarrollo de procesos cancerosos. Finalmente, los Sincrobots habían sido decisivos en el descubrimiento de nuevos catalizadores a base de materiales abundantes que permitían la transformación del CO2 en combustible a velocidades equivalentes a las de las reacciones de combustión que lo generaban, y con un rendimiento cercano al 100%.
Todo ello había dado lugar a 20 años de paz y prosperidad a nivel global nunca antes experimentadas, y a una intensificación de las colaboraciones internacionales. La humanidad se concentraba ahora en un reto global, el de garantizar la permanencia de la especie humana a través de la exploración y conquista del espacio y sus infinitos recursos. Los Spacebots, primos hermanos de los Sincrobots, se habían convertido un elemento clave de la Estación Espacial Internacional.
Marco, recostado en su silla, la mirada fija en una pantalla que escupía hileras de números, pensaba en lo cerca que había estado de irse al traste todo. Cuando la falta de fe de los humanos en la ciencia y en sus propias capacidades se había transformado en movimientos sociales y políticos que abogaban por desandar lo andado, por renunciar al nivel de vida que los avances técnicos y científicos nos habían permitido. Justo en ese momento clave de la historia humana, la llegada de la inteligencia artificial (producto de la inteligencia humana) había demostrado que era posible seguir superando los retos, continuando el avance exponencial de la civilización humana.
Marco sonrió mientras recordaba una frase de Isaac Asimov: “cualquier civilización que consiga conquistar el espacio ha de ser por necesidad pacífica”.
  • Visites: 62