Miguel en el país del Renacimiento

-Miguel, hijo, nos vamos
-Un momento, mamá, acabo de poner las unidades al resultado y bajo. Puse mis vaqueros con cortes y mi camiseta del Hombre de Vitrubio y bajé.
-Ya están todos en el camión, sólo faltas tú.
-Ya estoy aquí. ¿Para qué me necesitáis en la pomarada?. Sabes que tengo un examen de Mecánica.
-Porque ya eres mayor para ayudarnos a "pañar" manzana y, además, no volveremos tarde.
El camión brincaba por el camino. Cuando llegamos, cogimos las maconas y nos pusimos a la faena.
Era un día de octubre muy caluroso. Cuando nadie me veía, me senté debajo de un manzano.
-Miguel Ángel (así me llama cuando se enfada), ¿ya estás vagueando?.
Le dije que estaba repasando para el examen de Física. Siempre la chantajeaba con que tenía que estudiar, pues mi madre sabía que no hacía el bachillerato que me gustaba. Yo quería hacer el bachillerato artístico pero ella opinaba que no tendría futuro con él. Menos mal que coincidía con Lisa en clase. Tiene una sonrisa...
-¡Ay¡, dichosa manzana, ¡vaya golpe¡.
-¡Miguel Ángel¡, habíamos quedado al Ángelus.
Quien me llamaba era un joven vestido para Carnaval.
-¡El Papa nos espera y tú vienes vestido así¡. Te prestaré uno de mis jubones. Pero cambia esa cara de susto, hombre.
Yo seguí a aquel tío que parecía que me conocía ya que sabía mi nombre. De repente, vimos el Vaticano, pero alguien se había comido la columnata.
-¿Qué ha pasado aquí?, ¿ha habido un terremoto?.
-¿Por qué lo dices?
-Porque faltan las columnas de la plaza.
-Anda, Miguel Ángel, siempre mezclas diseños y realidad.
-Señores, el papa Julio II les espera. El ujier del Vaticano nos condujo a las dependencias papales.
Esto era de locos; lo último que recordaba era que estaba debajo de un manzano y... ¡me golpeó una manzana¡. Claro, estoy delirando. Algo así debió ocurrirle a Newton, pero no creo que pase a la historia como él con su Ley de la Gravitación Universal.
Y allí estaba yo, frente al Papa que tanto exigió a Miguel Ángel.
-Buenos días, Su Santidad, aquí le traigo al pintor.
-Pasen, pasen. Tengo muchas ganas de que conozcan mis proyectos. Vamos a la Capilla.
Sí, no podía ser otra, recuerdo los largos pasillos de mi viaje de 4º ESO, cuando conocí a Lisa.
Cuando llegamos a la Capilla y vi el techo repleto de estrellas doradas quedé admirado. Faltaba el dedo impresionante de Dios señalando a Adán. Él me había llevado a la pintura.
Cuando despierte no me van a creer.
-Buenos días, Eminencia, ¿qué desea de mí?.
-¿Usted siempre al grano, verdad?. No ha cambiado nada. Aunque con ese corte de pelo y de barba no le reconozco. Quiero que pinté la Creación en este techo.
-Santidad, si mola más como está ahora. Ya se sabe que tras el Big Bang y la gran expansión hubo una compresión que hizo que se formaran átomos estables y luego las estrellas. ¿Qué mejor expresión de la Creación que lo que tenemos ante nosotros?. Jope, lo he "bordao".
Noté un codazo para que me callara pues el Papa había puesto una cara entre confusa y contrariada.
-Miguel Ángel, ya sé de tus preferencias por la escultura pero quiero verlo acabado antes de morir.
Al ir hacia el exterior vi mi Piedad y pensé cuánto sufría mi madre conmigo.
Le dije a mi cicerón que me tenía que ir a Florencia. En realidad, huía. ¿Cómo le iba a decir al Papa que no sabía ni dibujar?.
En Florencia vi que faltaban esculturas en la Piazza della Signoria y tampoco había orientales sino florentinos camino del Ponte Vecchio.
-¿Quién eres?, llevas mi Hombre de Vitrubio dibujado.
-Me llamo Miguel Ángel
-¡Hombre¡, el que se cree el mejor escultor.
Era el gran Leonardo; cambié los malos modales de Miguel Ángel y conseguí que me llevara a su taller. Tenía allí su último retrato. ¡Cómo se parecía a Lisa¡.
Me contó que estaba haciendo ciertos artilugios mecánicos. Ya tenía una bicicleta y un helicóptero pero ahora estaba con un cañón.
Le dije que un inglés explicó las armas de fuego y su retroceso, y que un español había hecho un autogiro con aspas.
De repente, oí el grito de Leonardo diciendo que él había sido el primero y que me fuera de allí.
-¡Miguel¡ que vamos a comer. ¿Prefieres pasta o tortilla de patatas?.
-No, mamá, ya he comido en Florencia; cenaré la tortilla española.
-¡Mira que te ha dado el sol¡.
-Y sabes qué, mamá. Acabaré el bachillerato y seré divulgador con mis viñetas.
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