Ecuación sin Final.

Mi profesor de matemáticas siempre fue un apasionado del álgebra. Investigaba ecuaciones complejas que para los alumnos carecían completamente de sentido y hacía que nos sumiéramos en un sopor absoluto. Su gran afición le llevó a soltar frases en jerga algebraica. En cualquier momento podía llamarnos”monomio inútil”o”eres tan imprevisible como el cambio de signo”. Una de sus favoritas era”eres un cero a la izquierda”y solamente reservaba a los más listos su frase de”veo el futuro brillante que vas a tener, monomio. Da gusto ver cómo la ecuación se resuelve por si sola”y cosas así.

Cierto día entró a clase muy pálido. Nos mandó un par de ejercicios y se dedicó a echar miradas temerosas a la puerta de clase mientras hacía girar el boli que siempre llevaba enganchado a la corbata, como un adorno indispensable de su vestimenta. En un momento dado nos dijo:
- Todos somos incógnitas. Somos un punto de polvo en todo lo existencial. Una simple quimera que está ahí por algo, descubriendo a otras. Y a veces la incógnita se equivoca y provoca el caos en una simple ecuación de denominadores. Lo peor de todo es que estamos rodeados por un planteamiento muy complejo. Y resulta muy difícil averiguar el valor real de la incógnita. Muy difícil -terminó la frase, se levantó y dejó el magnífico y adorado boli en la mesa, a modo de regalo u ofrenda, de consuelo o simplemente un despiste.

Para los pocos que lo oímos no tenía sentido. Nuestro profesor ya era viejo, y seguramente empezaría a perder facultades. No habíamos entendido nada.

A la mañana siguiente apareció un simpático policía a la hora de matemáticas. Cuando le preguntamos donde estaba nuestro profesor, toda expresión de alegría desapareció de su cara. Se sentó con parsimonia y dijo:

-Digamos que ahora mismo es la raíz cuadrada de menos uno. Ya sabéis, no existe la raíz cuadrada de menos uno- carraspeó y continuó- en él ya no existe rastro de vida. Ha aparecido muerto en su apartamento. En la frente tenía una equis y un igual a un interrogante. En el dorso de la mano derecha, la raíz cuadrada de menos uno. Os lo cuento porque al fin y al cabo es vuestro profesor-el policía se levantó, trató de componer una sonrisa y añadió:

-Por lo menos no haréis exámenes. ¡Una muerte bastante enigmática!.

Solo hasta aquel momento comprendí la frase que nos había dicho ayer. Todos éramos incógnitas y él era una ecuación sin final.