Extinción

1960.
Bienvenidos a mi diario personal.
Estamos en guerra con los Estados Unidos.
Bueno, empecemos por mi nombre. Me llamo Christian, tengo 16 años, sí 16. Soy un adolescente que intenta aportar su granito de arena. Trabajo en el laboratorio secreto que se encarga de fabricar el mayor gas tóxico de toda la historia. Supongo que no es muy difícil averiguar por qué queremos fabricar un gas tóxico que mate a toda la población.
Desde 1955, el año en el que empezó esta guerra, vamos perdiendo, bueno perdiendo, ni que esto fuese un partido de fútbol. Simplemente nos quedamos sin armas, los ciudadanos ya no quieren luchar.
Cuando tenía quince años, era el mejor de mi clase en ciencias y nuestro presidente necesitaba a alguien que sin dinero por medio, ya que estamos en crisis, inventase un gas tóxico. Lo necesitaba listo para antes de que los estadounidenses acabasen con nosotros.
Naturalmente, me ofrecí.
Y ahora, os preguntareis por qué narices, un joven como yo querría desperdiciar su adolescencia para ayudar a matar a otro país.
Y aquí viene el momento en el que os cuento la tragedia que viví, y vosotros me decís que lo sentís muchísimo y bla bla bla.
No os voy a decir que todo empezó en una bonita y soleada mañana de primavera, porque no sería la verdad. Era invierno y hacía un frío que pelaba, así que todos estábamos refugiados en casa, cuando empezaron a caer las bombas.
Y presupongo que os esperáis el final. Desgraciadamente, una cayó encima de nuestra pequeña casa.
Las llamas nos rodeaban, mi padre, debido al impacto de la bomba se había golpeado la cabeza con el borde de la mesa en la cabeza, y se encontraba tirado en el suelo con un charco de sangre bajo su cuerpo que manaba como un río de su cabeza. Y mi madre… bueno ella estaba viva, pero dejó de estarlo en cuanto me refugió en sus brazos y pasó entre las llamas abrasándose la piel para salvarme.
Y así acaba la historia. Mi padre muerto por una herida en la cabeza, mi madre abrasada y yo a salvo.
Pero no me ofrecí por querer vengar a mi familia, bueno, claro que quiero hacerlo, pero, aparte quiero dejar de ser “el chico que perdió a sus padres por una bomba” del que todos hablan y ser “el chico que creó una bomba y salvó a la humanidad”
Llevo mucho tiempo intentando averiguar cómo soltar el gas sin que los estadounidenses tengan tiempo para ponerse máscaras de gas.
He inventado el VX, basándome en el gas sarín. Pero he de decir que los resultados han sido mejores.
Este es un agente nervioso cuyos síntomas son espasmos musculares, quemaduras... Al inhalarlo se produce una sensación como de miles de cuchillos clavándose en tu pecho, dolores de cabeza, náuseas, vómitos y, finalmente la muerte.
Se mantiene adherido a una zona, por lo que es muy difícil eliminarlo y tan sólo con una gota de esta preciosidad se puede matar a un humano.
He estado mucho tiempo pensando cómo vamos a soltarlo sin que se den cuenta y al fin, he dado con la solución. Vamos a pensar que el gas es como un insecticida, ya que vamos a matar a los insectos estos que viven allá, en América.
Es inodoro, incoloro e insípido así que no van a notarlo hasta que se estén muriendo. Pero claro, si vamos con un avión y aparentemente no soltamos nada, van a sospechar ¿no crees?
Así que pensé, y ¿por qué no soltamos varias bombas para que cunda el pánico?, a modo de distracción y luego, con otros aviones soltamos el gas. Es un plan brillante.
El presidente ha dado el visto bueno, mañana lo anunciaremos al pueblo, para levantar el ánimo y, después, soltaremos el gas.

Hoy es sábado, hoy soltaremos el gas, hoy cambiará el mundo para siempre.
Dentro de 5 minutos, los aviones que ahora están sobrevolando los Estados Unidos soltarán las primeras bombas en Colorado, Arizona, Nueva York…, sitios donde suele haber mucha gente para que se extienda el caos y después, soltaremos el gas en la frontera entre Kansas y Nebraska, para que se vaya expandiendo y llegue a todos los estados.
Cada avión tiene una cámara instalada para ver si el gas a tenido éxito, y espero que sí, porque sólo tenemos una oportunidad.
En unos minutos la mayoría de la gente está tumbada en el suelo, sufriendo sus últimos espasmos, hasta que, simplemente dejan de vivir.
En una hora el gas se ha extendido por todo el mundo, es la extinción del ser humano y yo soy el responsable.
Quería salvar la humanidad pero al final la he matado.
Cojo una pistola, me la llevo a la cabeza y aprieto el gatillo.