desde el punto de vista de un pajaro

DESDE EL PUNTO DE VISTA DE UN PAJARO


Era una cálida mañana de invierno, en el nido mis hermanos y yo dormíamos. Algo me tocó el ala y me dijo –“Timy, venga levántate, ya es la hora”- Entreabrí los ojos, lo veía todo borroso, todavía estaba algo dormido. Cuando por fin conseguí distinguir a mis hermanos de las castañas vi una cara enfurecida que tenía una mirada profunda y penetrante, era madre. Entonces me dijo con aire burlón –“¿El señorito se va a quedar aquí para siempre o vas a ahuecar el ala ya, porque el señorito acabó la escuela de vuelo hace un mes y todavía no ha ido ni a mirar que árboles hay por esta zona, porque te recuerdo que estos árboles son buenos y tienes que elegir uno con categoría, y cuando emigremos a África tendrás que buscar un buen Baobab, si no ¿cómo vas a quedar bien delante de tus amigos?—“Pero mamá yo no quiero quedar bien delante de mis amigos”- Respondí yo. "Eso ya lo veremos dentro de quince años"-me dijo ella. Yo con un pequeño suspiro la miré, me despedí de mis hermanos y salí de aquel pequeño nido en el que me había criado y había soñado con ser un gran águila, lo abandonaba, pero ahora no tenía que preocuparme por eso, lo que de verdad importaba era encontrar un buen árbol donde pasar la noche porque parecía que iba a llover y no me apetecía especialmente mojarme.
Un rato después vi la ventana de un pequeño piso. En el interior había una niña que se lamentaba, estaba escribiendo cosas en un trozo de papel en el que ponía un motón de palabras y signos que yo no entendía, pero de todos modos entré por la ventana, la niña me miro de arriba abajo, y de repente se le iluminó la cara con una gran sonrisa y me dijo- "Eres súper bonito, quiero quedarme contigo. Me llamo Carolaine. Te haré una cama con almohadas y jugaremos a princesas. ¡Que ilusión me hace!". Yo la mire preguntándome que era una princesa, pero no me importó porque al sentarme en una de esas almohadas era tan blandita que me hundí en ella como un trozo de metal se hunde en el mar.
Llegó la noche yo estaba cómodo y calentito en mi almohada, pero entonces un montón de luces se encendieron y en dos minutos me pusieron unos vestidos para muñecas que me quedaban muy ajustados y no me gustaban nada, estaba algo aturdido, todo había sido muy rápido. Entonces pensé " Esta mañana tranquilamente dormido en mi querido nido, y mírame ahora, tomando el té vestido de princesa". Por la mañana mientras Carolaine estaba en el colegio me dediqué a mirar todo lo que tenía en la habitación: La cama estaba llena de muñecos blanditos (pero solo dormía con uno), el armario estaba lleno de ropa que apenas se ponía porque según el colegio solo podía ir con uniforme, también había varias cajas llenas de juguetes que utilizaba porque le compraban nuevos juguetes y esos no los quería. Entonces entendí que las personas tienen demasiadas comodidades.
Quedaba media hora para que Carolaine volviera del colegio. De pronto una gran mano morena y arrugada me cogió por una pata y me echó por la ventana. Eché a volar y fui en busca de otro hogar. Pasé por el patio de una cárcel, estaba lleno de gente que iba vestida de naranja. Pensé en posarme en la gran encina que había en el centro del patio y bajé volando cuando una piedra me pasó a la velocidad de la luz rozándome las plumas y deduje que no era un buen sitio para dormir sabiendo que podían pasarme muchas cosas malas, así que salí pitando de allí.
Volé durante horas y encontré un gran edificio del que salía un apestoso humo negro, miré al río de al lado, estaba lleno de basura, y no había ni un solo pez. No lo dudé ni un momento, me fui sin ni si quiera ver si había algún árbol. Estuve unos cuantos años volando por el mundo, vi sitios preciosos, sitios llenos de edificios y gente que solo pensaba en trabajar, sitios llenos de desgracias y pobreza, pero sobre todo vi un pequeño planeta que estaba destrozado, devastado. Al final volví a la ciudad donde había nacido, quería ver a mi familia para contarles todo lo que había visto, pero cuando llegué el castaño no estaba, lo habían talado. Fui por toda la ciudad buscando a mi madre, la encontré a ella y a mis dos hermanos en un pino. Les conté todo lo que había visto y les dije que podíamos irnos a Brasil o al Ecuador, que había mucha biodiversidad e íbamos a estar mucho mejor.