Quiero estar Sol-o

QUIERO ESTAR SOL-O
Hasta lo fotosfera, hasta la fotosfera de los planetas, de sus gases (que no veas como huelen), de sus quejas, de sus riñas e incluso de que no riñan hasta la fotosfera. Bueno, antes de todo: soy el sol, si, ese que se agradece en invierno y se aborrece en verano, ese que ciega si lo miras directamente pero que se echa de menos si no lo ves. Y lo que estaba diciendo, era que estoy hasta la FOTOSFERA de los planetas. Que si júpiter sufre meteorismo (tirarse muchos gases), que si la tierra está infectada de humanos, que si Plutón esta marginado de sus hermanos… ahora entiendo con lástima porque nadie en la facultad de brillo quería este puesto.
Y pongo este anuncio porque busco algún cazatalentos que me dirija a la fama, dejando a estos pesados con sus flatulencias y que se apañen. Si cuerpos celestes, todavía no soy famoso alucinante ¿verdad? Pues no tanto, porque con estos agotadores muchachitos y muchachitas no tenía tiempo para ponerme a buscar.
Pasaron 3 días y el anuncio corría por ahí, pero nadie contestaba y cuando era de noche en la mayoría de los hemisferios nortes de los planetas, decidí darme la fuga, no tengo muchas pertenencias porque todo lo que toco lo quemo pero no me olvido de mi osito de peluche. Cuando me fugo nadie se entera así que decido no dejar ningún tipo de nota y me voy corriendo. Cojo una nave espacial llena de todo tipo de estrellas malolientes y me dirijo a “El Centro de la Vía Láctea” ¿suena guay no? Pues cuando llego, no parece muy alucinante, ¡nadie me conoce! Todo el mundo camina con prisa. No me deprimo, cuando llegue al hotel… ¡menuda basura! Es lo primero que pienso las vistas de la habitación son deprimentes, la habitación… prefiero no hablar. Mañana será otro día, o eso creo…
Al día siguiente salgo del “hotel” y me dirijo a un cursillo rápido de interpretación ya que ningún cazatalentos viene a mí, tendré que ir yo a ellos. Llego y no me encuentro tres meteoros aficionados que es lo que esperaba, sino galaxias, estrellas fugaces, lunas, planetoides… todo tipo de profesionales que darían lo que fuera por ser como yo, pero yo no puedo hacer eso obviamente. Entrego los papeles en secretaría y la luna que está allí trabajando parece divertirse al leer el apartado de “se me da bien hacer de:” en el que yo había puesto “todo”. Subo al escenario, y pongo orden, nadie me presta atención, ni siquiera me miran.

Llego al hotel con las botas empapadas abro el buzón sin pensarlo esperando una carta pidiéndome desesperadamente que volviera. Pero nada. Ni una nota, solo una pelusa y publicidad de un restaurante de satélites.

Llevo una semana en esta ciudad y ya se podría decir que la he cogido manía. He seguido yendo al curso de teatro, pero ni una mirada impresionada, ni una llamada de un cazatalentos, ni siquiera del director. Solo me colocaba en el fondo del escenario y hacia mi papel de árbol sin decir ni una sola frase. Estos días estoy teniendo una rara sensación de que la interpretación no es lo mío, pero es solo una mala racha…
El día de la actuación llego nervioso al local esperando que algún actor principal se hubiera puesto malo, pero nada, de hecho, y no os lo perdáis porque es la mejor parte de la historia ¡me quitan el puesto de árbol con la excusa de que no me meto en el papel!
Me voy corriendo al hotel recojo mis cosas y pienso: no aguanto más. Cojo el primer autobús al sistema solar.
Cuando llego ningún planeta me recibe con agrado, es más, resoplan como si les hubieran devuelto una carga.
Esa noche pienso, pienso en que a lo mejor he sido duro con ellos, en que no soy tan molón como creo, pienso en que los planetas no son tanta carga. Pero estos pensamientos no se quedan en pensamientos, a la mañana siguiente los comparto con ellos y nos pedimos perdón mutuamente.

Han pasado 3 meses, todo funciona como la seda y he tenido tiempo para reflexionar, y he llegado a la conclusión de que tengo que valorar lo que tengo.