La Vida es Sueño y la Verdad será Ciencia

Las montañas se erguían como gigantes tocando el cielo, vestidas de un verde arrollador y rodeadas de una espesa niebla que dejaba admirar sus picos aún con nieve. Montones de riachuelos improvisados por la incesante lluvia se hacían paso montaña abajo, hasta desembocar en el cauce del río que el Doctor Hale en ese momento miraba. Este estaba lleno de agua. Su pelo rizado, de un tono más blanco que castaño estaba aplastado sobre su cabeza, su chaleco y su camisa rezumaban agua por todas partes, y ya notaba como los pantalones se iban calando de agua. Estaba ahí, parado, observando. No se sentía como parte de aquello, sino como un mero observador que, si quería, podía hacer que parara de llover con solo una simple transmisión nerviosa. Habiendo pasado poco más de diez minutos ahí, empezó a escuchar las voces de Wilson y los demás: “Hay que despertarlo ya”, “No. Podemos aguantar unos minutos más”, “Sus constantes vitales están bajando demasiado”.
—Doctor, ¿está bien? —preguntó preocupado Wilson.
—¿Cuánto tiempo falta para la entrevista?—preguntó a su vez quitándose de su cabeza y su cuerpo los cables con los que había sido monitorizado.
—Una hora señor—respiró aliviado Wilson al ver que su jefe estaba como una rosa—. ¿Está seguro de que irá?
—Verás Wilson, a mí tampoco me hace mucha gracia, pero la gente lo necesita—dijo el Doctor mientras seguía quitándose los cables.
Tras esa pequeña conversación, y tras quitarse los cables que le impedían salir de allí, se marchó.
Mientras que la periodista se preparaba, el Doctor Hale se mecía en el sillón. Se encontraba tranquilo, a pesar de estar a punto de asistir a su primera aparición pública tras su descubrimiento.
—En el aire en tres segundos—advirtió el realizador.
—Muy buenos días queridos telespectadores. Hoy, nos encontramos en la entrevista más reveladora de los últimos años a manos del Canal 3—decía la periodista leyendo los carteles de detrás de la cámara, a la vez que publicitaba sin sentido y con una amplia sonrisa falsa a su cadena—. Doctor Hale, me ahorraré presentaciones e iré como quien dice, al grano. Es usted mundialmente conocido por el descubrimiento del “Más allá”, es decir, que ha demostrado científicamente la existencia de la vida después de la muerte.
—Así es, aunque preferiría llamarlo “Nueva Dimensión de Existencia”. Cuando morimos, nuestro cerebro emite unas ondas a nivel subatómico, que se desprenden físicamente de nuestro organismo.
—¿Por qué ha tardado más de seis meses en invitarnos aquí, a su casa?¿Qué ha estado haciendo durante estos seis meses?¿Ha sido la tasa de más de siete millones de suicidios lo que le ha hecho decidirse?
—Verá, señorita, si les he invitado a mi casa, es para aclarar las cosas, no por otra razón—respondió el Doctor algo molesto.
—Está bien, pero, se han suicidado cantantes, deportistas, actores… ¿no cree que su descubrimiento era demasiado peligroso como para sacarlo a la luz?
—Yo pienso que la gente valora, o más bien, debe valorar la verdad. En lo único que pensé fue: “¿Me gustaría que existiera una ley universal de la mentira y la ocultación?”. Y me contesté a mí mismo: “No”. Así que, lo publiqué. Nosotros le dijimos que había tras la puerta a la gente, y ahora son ellos quienes deciden si la abren o no.
—¿Cómo es el “Más Allá”? ¿Lo podemos llegar a sentir?
—No lo sé aún—mintió el Doctor Hale. No quería revelar nada tras los últimos acontecimientos. Aunque se sentía mal por mentir.
—Verá Doctor, voy a hacerle la pregunta que todo el mundo se está haciendo: ¿Se siente responsable de todas esas muertes?
—No—rebatió el Doctor al son de un disparo proveniente de un realizador. El hombre se había suicidado, y tenía una nota en su mano que decía: “Gracias, Doctor Hale”.
Tras experimentar aquel suicidio en vivo, al Doctor, le rondaba por la cabeza aquello, ¿por qué la gente le había creído?, ¿realmente lo que había descubierto era el “Más Allá”?
¿Por qué le costó tanto a la sociedad creer a Kepler cuando decía que la Tierra giraba alrededor del Sol, y lo suyo fue tan instantáneo? Quizás la gente necesitaba creerlo. Necesitaba una Verdad que la Ciencia jamás les había dado, y no importaba si era válida o errónea.
Sin embargo para el Doctor Hale eso no es Ciencia, ya que la Ciencia no es más que la Verdad, pero no cualquier Verdad, no la Verdad abrumadora, la que te venden y te necesitas creer, una Verdad irrefutable, con la capacidad de responder a todas tus preguntas, una Verdad Universal.
Una Verdad como la “Nueva Dimensión de Existencia”, donde cualquier cosa pueda ser otra, donde todo para todos sea verdad. Quien sabe, se preguntaba el Doctor, puede que después de la muerte exista la Verdad, esa Verdad abrumadora y universal.