Fuego y Hielo

Antes
Mi padre parecía al borde de un ataque de nervios.
Durante la última semana había estado especialmente inquieto: recorría la casa entera con pasos frenéticos, estudiando los nudos del suelo de madera como si estos fueran a revelarle los mayores secretos del universo.
Tecleaba mensajes en su ordenador portátil a una velocidad endemoniada; casi no comía y durante las noches podía oír como daba vueltas en la cama hasta altas horas de la noche.

Días después me decidí a preguntarle qué era lo que le atormentaba.
Él simplemente farfulló una retahíla de expresiones matemáticas y exclamaciones:
- ¡No puede ser cierto! 0,5 grados… ¡¿Tan solo 2 días?! Esto es una catástrofe… ¡el fin del mundo…!
No conseguía sacarle la información suficiente, pero seguiría insistiendo hasta que obtuviera una respuesta sólida.
Finalmente le sonsaqué qué era lo que ocurría. Muchos científicos estaban alarmados. Se trataba de un tema realmente serio.
Al parecer la Tierra no seguía su rotación usual. Había dejado de girar a 1.600 km/h en el ecuador.
La Tierra se estaba deteniendo.
***
DÍA 1
No ha habido ningún suceso destacable. Nada que podamos haber apreciado. Todo está en orden.
DÍA 2
Hoy ha amanecido dos minutos más tarde que ayer. Se ha dado aviso y el reloj atómico ha adaptado la hora mundial a los cambios recientes.
DÍA 3
Las redes y los medios de comunicación han explotado. Todo el mundo ha comenzado a entretejer teorías y ya existen numerosas hipótesis sobre qué está ocurriendo. Aún no se ha emitido ningún comunicado oficial.
DÍA 4
La CCM (Comunidad Científica Mundial) ha difundido hoy el primer anuncio a nivel internacional.
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DÍA 5
Ha cundido el caos, y ahora más que nunca se especula sobre la posibilidad de abandonar este planeta y habitar exoplanetas que gozan de las cualidades perfectas para la vida humana, como los que orbitan alrededor de Trappist-1, su estrella, los cuales fueron descubiertos recientemente.
***
Después
Habíamos perdido la esperanza por completo. Nadie vendría a rescatarnos. Si es que quedaba alguien con vida ahí fuera.
Al principio nuestro planeta parecía estable. La velocidad no disminuía; incluso parecía haber recuperado su velocidad normal.
Todos asumimos que se debía al mal trato que recibía la Tierra.
Algunos científicos aclararon: <>.
Pero no, no lo sabían.
Hablaron demasiado pronto.
Semanas después, la Tierra volvía a desacelerarse notablemente. La velocidad cayó en picado, y nos golpeó más fuerte que antes.
Unos meses después, el planeta azul apenas si se movía. Vivíamos en la quietud.
Ahora nos encontramos bajo tierra, huyendo del calor abrasador de la superficie. Es imposible que haya vida ahí fuera. Las temperaturas rondan los 50 grados.
Al frenarse por completo, la Tierra se dividió en 2 superficies. Una estaba completamente seca y abrasada: estaba expuesta al calor del sol constantemente. Toda la fauna y la vegetación se extinguió en esa zona.
Por otra parte, la cara contraria del planeta estaba sumida en una oscuridad infinita. Algo parecido ocurrió con los seres vivos. Todo allí estaba congelado; miraras donde miraras, solo veías hielo.
Compartíamos el garaje con desconocidos: todos trajeron algo con ellos al ver que debían abandonar sus hogares. Ahora uno solo puede aferrarse a esos objetos que les trasportan a sus vidas anteriores, en las que sus mayores preocupaciones eran llegar tarde al trabajo o un examen importante.
Cuando la marea subió y comenzó a tragarse ciudades enteras, esas preocupaciones ocuparon un segundo plano para todos los habitantes de la Tierra.
En un rincón estaban amontonadas todas nuestras provisiones, que empezaban a escasear.
Mi padre no dejaba de botar contra la pared una pelota de goma que alguno de los niños había traído. El eco me dio escalofríos.
Se escuchó un rugido de la superficie, como un batir de alas furioso: los helicópteros habían vuelto.
Me incorporé de golpe y subí por la escalera de metal oxidado que daba al exterior. Miré por la trampilla.
Tal vez la ayuda estuviera en camino.