Que pequeño es el mundo y que grandes son los problemas

Esta historia trata sobre Julia y sobre como pudo enfrentarse a su enfermedad. Tras estar un año interna en una clínica psiquiátrica del sur de Madrid por sus graves problemas esquizofrénicos los médicos le habían dado por fin el alta, Rosa, como ella le llamaba, no había vuelto a resonar por la cabeza de esta adolescente madrileña de diecisiete años. Había sido un año duro, tanto para ella como para sus padres y su hermano pequeño, la clínica en la que estaba ingresada no era barata y, a pesar de que en su familia tanto el padre como la madre de Julia tenían un trabajo estable, ambos habían tenido que buscar otro empleo para poder pagarla, esto también supuso un cambio para su hermano que, con tan solo diez años iba y volvía solo a casa. Pero; basta de hablar sobre que pasó después de que Julia saliera de ese lugar al que ella denominó muchas veces carcel, hablemos mejor del motivo por el que la internaron.
Julia, fue especial desde bien pequeña, el día de su nacimiento, su madre tuvo muchísimos problemas para poder dar a luz, esto fue, según sus médicos la principal causa pero, hubieron más, al cumplir 15 años, Julia comenzó a aislarse, se pasaba horas encerrada en su cuarto escuchando música o, leyendo, sus padres no le dieron importancia hasta que se dieron cuenta de que había comenzado a hablar sola pero que las cosas de las que hablaba no tenían sentido, no eran coherentes, en ese momento comenzaron a preocuparse y decidieron ir a un especialista, solo para asegurarse de que su hija estaba bien. El día de la cita médica, Julia se negaba a ir, se comportaba de manera violenta y, continuaba hablando para si con voz baja. Su médico les preguntó si su pequeña había empeorado en sus estudios o, si había cambiado su comportamiento con ellos o sus amigos, respondieron que sí a ambas preguntas y, el médico decidió realizarle una serie de pruebas para averiguar si su temor era cierto o, si tan solo eran las hormonas. Semanas más tarde Julia seguía comportándose raro, no dormía por las noches y no comía casi nada, el medico volvió a citarles con los resultados del análisis listos y, con la peor noticia que los padres de la ya no tan pequeña Julia podían haber recibido jamás. Su hija estaba padeciendo los síntomas de esquizofrenia, decidieron tomar cartas sobre el asunto y, comenzaron a buscar las mejores clínicas psiquiátricas de Madrid, y se dieron cuenta que, aún teniendo buenos trabajos, les iba a costar pagarla pero decidieron hacer lo que hiciese falta por su pequeña.
Julia entró a la clínica con 16 años y salió con casi 17, durante ese año comenzó su tratamiento, día tras día se tomaba las pastillas recetadas y luego, o bien salía a pasear por el patio o, se quedaba sentada en un banco pensando y, hablando sola, este comportamiento fue cambiando con el tiempo y el efecto de las pastillas. Seguía siendo retraída, no hablaba ni mostraba emociones, llegaba a ser cruel muchas veces pero, nadie podía echárselo en cara. Conoció a una chica con problemas alimenticios, se llevaban bastante bien pero un dia le dieron el alta y no supo mas de ella. Julia siguió su rutina todo el año, hubieron días buenos, otros malos pero, al fin, se recuperó y le dieron el alta. Todo parecía tan cambiado, sus padres parecía que hubieran envejecido, su hermano había crecido mucho, sus padres habían tenido que mudarse a un piso más pequeño para poder pagar los gastos de la clínica, todo el mundo parecía cambiado, incluyendo a Julia.
Meses después de haber salido de aquel lugar, Julia parecía una chica nueva, aún habiendo perdido un año de estudios, se incorporó en una escuela nueva, con nuevos amigos, nuevos profesores y, gente que no tenía sabía de su pasado. Sus padres habían dejado de tener dos trabajos y, habían recibido una oferta de una empresa muy importante, la habían aceptado y, ahora ganaban más dinero que nunca, parecía que la fortuna se cruzaba en el camino de la familia. Todo había ido a mejor, la familia estaba muy unida y, Julia había comenzado a quedar con unas amigas que había hecho en el instituto, además había conocido a un chico y, por primera vez confió lo suficiente como para contarles sobre su pasado. Todos parecían impresionados, por como había podido pasar por una situación como aquella, prometieron no contarlo a nadie y, prometieron que no iban a tratarle de forma diferente por lo que le había sucedido, este hecho les unió cada vez más. Julia descubrió que su chico había pasado una situación parecida, su hermana había estado interna en el mismo centro que ella por anorexia.