Sin rumbo fijo

Buenas, soy Pepe el átomo. Me conoceréis de novelas como Pepe “Around the world” o como lo conoce mi abuela Pepe el trotamundos. Comenzaré a relataros mi historia. Todo empezó un caluroso “día de verano” de hace unos 13 millones de años, mis amigos y yo nos dimos cuenta de que estábamos todos muy juntos, y decidimos liberarnos, provocando así el Big Bang. Acabé en un inmenso mar, el Pacífico. Estuve allí un par de millones de años allí, pero ya estaba cansado de aquello, yo quería recorrer el mundo, vivir aventuras propias de un aventurero real.
Mi viaje tiene inicio en el momento que, gracias a la evaporación y el proceso de condensación de las nubes llegué hasta Canadá, mi primer destino fue el río Ottawa donde pasé una temporada, e hice cosas típicas de átomos, poned imaginación. Proseguí mi camino, más bien la corriente, que me llevó hasta Brasil, preciosa tierra, por cierto, aunque no es que la haya visto mucho, pero bueno. En mi viaje por el atlántico me di cuenta de que siempre iba acompañado con los dos mismos átomos, uno de ellos “H”, como yo, él era otro átomo de hidrógeno, y luego estaba “O”, él de oxígeno. Así llegamos a la parte de mi descubrimiento, siempre iba unido a ellos, dado a que tiempo después de la explosión con la que emprendí mi expedición, sin darnos cuenta habíamos creado una molécula gracias a nuestra unión, más concretamente una molécula de agua. Pero en un laboratorio esta amistad llegó a su fin, nos sometieron a la electrólisis, o eso ponía en el cartel de la entrada, nos suministraron una corriente eléctrica y se llevaron a “O”, después de esto salimos disparados hacia lo alto de la sala, sin rumbo, parecía que pudiéramos traspasar todo lo aquello que se nos cruzara. Nuestra travesía continuaba. Llegué a un fresco país, lleno de verde, era Irlanda, recorrí este lugar de forma subterránea, decidí investigar los túneles de circulación del agua, y utilizar esos pasadizos para recorrer diferentes zonas. A lo largo de mi andadura no encontré a muchos como yo, casi todos eran átomos “O”, como mi anterior colega, o la mayoría de tipo “N”, es decir, eran nitrógenos. Bueno la verdad es que estoy hasta los neutrinos de contar esto, me he unido con “Cl”, mi compadre el cloro y hemos dado pie al superácido clorhídrico, ahora somos capaces de quemar, corroer, todo aquello que nos apetezca. Así que, aquí se detiene mi historia, la podréis continuar en mi próximo libro “50 quemaduras de Pepe”, o si sois tan vagos como yo podréis admirar esta magnífica obra en cines, cuidado no es apta para todos los átomos. Y aquí nos despedimos, esperando que seáis muy felices, recordando que nosotros nos vemos aquí la semana que viene.