Gansos

Recuerdo que cuando nos conocimos tú me sonreíste. Un poema personificado, uno de esos poemas que te duelen al acabarlos, o una de esas canciones que te hacen sentir al oírlas o mucho mejor, como una de esas sonrisas que te liberan al verlas. Tú fuiste mi sonrisa, mi canción y mi poema. Quizá fue cosa del destino o simple coincidencia, no lo sé, pero fui muy feliz al conocerte. Te vi en la pista de baile, bailabas entre la multitud pero solo eras tú, tú y tu movimiento de caderas, tú y tus labios recitando una vieja pieza musical. Pensé en bajar y cantar contigo, pero el miedo detuvo mi cuerpo. ¿A que temía, al rechazo? Hitchcock decía que el miedo no está en el disparo, sino en los momentos previos, en los que todos piensan lo mismo pero nadie pronuncia palabra.
Fui al baño, me miré en el espejo, me dije ‘Tú puedes’, me lavé la cara y decidido me dirigí a ti. Fui hacia ti como un león va a por su presa, perdón eso sonó grosero, digamos que fui hacia ti como un ganso –Dato curioso: los ganso suelen pasar la mayor parte de su vida con la misma pareja, cuando uno se marchita el otro lo hace de tristeza- iba pensando en esto cuando te di dos toques en el hombro y te dije ‘¿Me permitirías ser tu Ganso?’ ¡Qué! ¡Joder! ¡Me cago en los malditos gansos de mierda! Pero te reíste y me sentí seguro. Entonces nos reímos, aceptaste cenar conmigo, cogimos tu abrigo y salimos a la fría pero ya no tan solitaria noche.
Hablamos durante horas. Recuerdo pedir pero, ¿acaso comimos? Solo estabas tú y tu dulce expulsión de aire. Juro que casi podía notar como este subía por tu laringe haciendo vibrar tus jóvenes cuerdas vocales. Fue entonces cuando me preguntaste sobre la tontería de los gansos y te contesté con voz temblorosa ‘Porque siempre seré tuyo’. Me cogiste de la mano, sonreíste y detuviste el tiempo. Esa noche nos despedimos con deseos de volver a vernos, pero ninguno lo dijo.
Llegué a casa ya con el tiempo en marcha. El ronroneo de mi viejo amigo me ayudó a dormir. Te vi en mis sueños, como movías las caderas y recitabas una vieja pieza musical. ¿Fue real? Se sentía real.
Ya fuese por mis oraciones a la nada o por insistencia del destino nos vimos la noche siguiente. Esta vez fuiste tú la que me buscó y yo el que sonrió. Desde esa noche tuvimos noches apasionadas en tu sofá, nos mudamos a mi casa y vivimos felices. Simplemente respirábamos mientras nos sentíamos completos. ¿Por qué todo se nubla aquí? Eras la mitad de mi corazón. ¿Por qué te fuiste?, no más bien ¿Por qué te tuviste que ir? Es divertido ver como los científicos están deseosos de crear vida en otros planetas cuando ni siquiera pueden preservar esta. Vemos cada día como el Polo norte se hace más y más pequeño, al minuto nos echamos las manos a la cabeza y gritamos ‘¡Oh no!’ pero nada más, pero nada más... Perderemos a los osos polares, a las focas, habrá inundaciones y en ese momento, cuando ya no tengamos Polo Norte lo lamentaremos, porque somos así, y solo lamentamos algo cuando lo perdemos.
Alardean de la velocidad con la que la ciencia avanza sin embargo no pudieron curarte el cáncer. ¿Acaso es esto real? ¿Qué hago yo ahora? Morirme de tristeza no es una opción. Nuestro pequeño ganso no puede quedarse solo, no en este mundo. La gente ha perdido los orígenes cariño, las intenciones no son lo que eran, los gobiernos no buscan el bienestar de los ciudadanos, en cambio buscan guerras inexistentes por cosas inexistentes. No habrá más diamantes negros, no los busquéis porque no vale la pena.
Quizá Hobbes tenía razón, quizás en esta época de descuido nadie se lo discutiese, quizá, y seguramente sea así y el ser humano sea malo por naturaleza.
Oh mi amor, como amabas estas cosas, eras una defensora de la vida, amante de las manifestaciones, nunca dudaste de lo que hacías, de lo que decías. Veámonos otra vez amor, en la pista de baile.
Desperté dentro de un tubo, frío y solitario. Me dolían los músculos. ¿Cuánto tiempo he estado aquí dentro? La camilla se movió lentamente en silencio hacia el exterior y la luz me cegó.
-Jefe, ¿cómo está? ¿Ha visto algo, lo ha sentido?
-Estoy bien. ¿Cuánto tiempo ha pasado?
-Casi tres horas. ¿Cómo ha sido, se sintió real?
Asentí con orgullo y le dije a mi joven compañero ‘Ha sido toda una vida. ¿Real?, de principio a fin’
-Entonces… ¿Quiere decir que lo hemos conseguido?- asentí nuevamente con una sonrisa en los labios- ¡Hemos creado un personificador de recuerdos!