Un universo perenne

Érase una vez, una chica tímida llamada Luisa.
Luisa vivía en una pequeña cabaña de madera en medio del bosque.
Todos los días se levantaba a las doce en punto de la madrugada, abría la ventana, inspiraba el aire fresco de la naturaleza y miraba hacia el cielo. Un conjunto de puntitos luminosos le devolvían siempre la mirada. Luisa se preguntaba en ese momento, en el que pasaba un puntito más rápido que otro, el por qué de su existencia en el mundo, así, sola en mitad de un bosque. Recordaba los momentos trágicos de su vida, sobre todo el imprescindible, el que la animaba cada mañana a seguir adelante: el día en que sus padres la ingresaron en un psiquiátrico. Y es que, todo se debía a que Luisa veía cosas que los demás no. Y eso la hacía diferente.
Sin embargo, los médicos no sabían que Luisa disfrutaba siendo así. Le gustaba levantarse cada mañana, mirarse en el espejo, mover una mano y sentir que su otra yo, la que estaba detrás del cristal, permanecía inamovible. Le gustaba interactuar con "Luisa 2.0", pues así la llamaba ella.
Otras veces, aparecía otra Luisa en el colegio, en un pupitre paralelo al suyo, que le sonreía y le decía las respuestas del examen; esa Luisa era "Luisa del futuro".
Continuamente, Luisa avistaba una infinidad de Luisas, físicamente iguales que ella, pero con unas circunstancias diferentes: infinitas casualidades; que, a veces, una se iba por las escaleras, otra se chocaba contra el muro y la otra se subía en el ascensor.
Era como si Luisa viviera en mundos diferentes, pero conectados por ella misma. Como si viviera en infinitos universos paralelos, ya que los sentía todos a la vez. Y cada una de esas veces en las que hacía algo nuevo, surgían más y más. Se ramificaban como los árboles y se extendían cuales gotas de agua. Eso le explicaba Luisa a los médicos. Y ellos, tan ignorantes y vacíos de fe, le decían que solo existía ella. Que el problema residía en su mente y que lo iban a solucionar.
-¡Ay! ¡Pobres médicos!-pensaba Luisa siempre que recordaba el momento en el que logró deshacerse de ella misma, aprovechar el don que tenía de evadirse literalmente de "esa" realidad que la angustiaba y empezar a ser Luisa realmente, en un mundo nuevo, creado por sí misma, para ser tal y como ella era.
Y esto, para Luisa era algo innegable. Los universos paralelos existían y estaban más en la mano de las personas de lo que estas creían.