Alquimía

Todos estaban reunidos aquel día. A pesar de la guerra que asolaba el mundo, todos los magos celebraban el éxito de la investigación.

-¡Esto podrá ser una fuente de maná ilimitada! gritaba uno de ellos con una euforia humillaría a cualquier hincha del mejor de los equipos.

A pesar de lo peligroso que era la manipulación de la alquimia, los resultados eran innegables incluso para los mayores detractores de esta.

-Ojalá Becerel estuviese aquí, él se merece este éxito mas que todos nosotros ¡Él fue el padre de la alquimia por dios!.

La sala se inundó con un amargo silencio que duró unos segundos, hasta que alguien interrumpió.

-No nos olvidemos tampoco de May Currin, ¡Un brindis por los que no pudieron llegar aquí con nosotros!.

El choque de las copas provocó una vibración con la que se podría fácilmente provocar una avalancha, o puede que simplemente fuese la alegría del ambiente la que la provocaría.

Al acabar la celebración, el archimago Intein se acercó a un pequeño grupo de los mas brillantes científicos, y con una calma que haría dudar de su propia cordura, les preguntó si querían cambiar el mundo. Este les explicó como se había reunido con el ministro supremo y habían organizado un equipo de investigación, les advirtió que el proyecto estaba relacionado con la alquimia y que era alto secreto, así que si aceptaba no había vuelta atrás. Todos asintieron sin dudarlo.

Poco después fueron transportados a unas instalaciones de las cuales desconocían hasta la propia localización, y rápidamente se pusieron a trabajar.

-Necesitamos 500 gramos de rubedo en la zona de pruebas C, es urgente, repito. Necesitamos 500 gramos de rubedo en la zona de pruebas C.

-Vale, pero no perdáis de vista el medidor de usurpación antrostópica, no queremos provocar una cascada de resonancias.

Feinchmen se había acostumbrado a este tipo de charlas en su ajetreado ambiente de trabajo. Sabía que lo que investigaban acabaría con la guerra, pero... ¿A qué precio?

Jamás se olvidara de la conversación que tuvo con Closedhaimer, el director del proyecto.

-Oye, ¿Tú crees que lo que hacemos aquí...está bien?
-No lo sé, y la verdad, no me importa, solo quiero terminar con esta guerra de una vez por todas. Respondió Closedhaimer con un tono de superioridad.
-Entonces ¿no tienes ninguna duda? Deben ser cosas mías. - dijo Feinchmen con intención de terminar con la conversación, pero mientras este abandonaba el habitáculo:
-Yo no dije eso...lo que estamos haciendo aquí...lo que podemos causar... creo que todos tenemos dudas, pero ¿Tenemos otra opción?

Aquella conversación le había dejado un sabor amargo, pero también un mensaje. Debía centrarse en su trabajo y dejar las nimias morales para filósofos.

Pasaron pocos meses hasta que se terminó el proyecto. El archimago Intein pronunció un increíble discurso al que casi nadie hizo caso, todos estaban impacientes por ver los resultados. Habiendo llegado ya a Nuevo México, las pruebas comenzaron. Todos llevaban gafas protectoras en aquel momento menos Feinchmen, quien por voluntad propia las había rechazado.

Todo empezó con una luz, la detonación de aquella Piedra Filosofal había provocado una orgía de destrucción que satisfaría a la más condenada de las almas en el noveno infierno. Las pocas cosas que estaban vivas en aquel desierto murieron en cuestión de centésimas de segundo, y lo que estaba muerto, murió dos veces. Este espectáculo era tan maravilloso como horrendo, Feinchman ni si quiera pudo asomarse a visualizar tan morbosa demostración.

Al acabar, solo quedó una nube con una forma particular y un rastro de corrupción que haría inhabitable el área por unos años.

- Si Dios existe, ahora nos ha abandonado- Dijo Closedhaimer
- Y todo esto... ¿Por qué?- Pregunto horrorizado Feinchmen.
- Por el Proyecto Manhattan hijo, por el Proyecto Manhattan.- termino el archimago Intein.

Oh queridos magos
¿Qué paso con vuestro invento?
Quisisteis darle luz a la humanidad
y al final les disteis fuego.