Personas luz

La naturaleza mezcla tanto y crea tanto, que me tiene fascinada. No logro acostumbrarme a esa gran artista. Quiero parecerme a ella, por eso he dejado atrás un presente que ahora es pasado y he venido aquí, a crear. Creer, crear, al final sólo cambian letras. Como en mis escritos.

Creo en nosotros, creo en la naturaleza, y creo que somos buenos. Que nuestras almas son buenas, que nuestros ojos brillan porque somos partes de estrellas, y que nuestro corazón es puro. Salvo cuando elegimos el peor camino, y sufrimos una metamorfosis que asusta, que transforma, y que crea y destruye a la vez. Perdemos la luz, apagamos nuestra alma, y odiamos. Odio y terror. Cuando nos volvemos eso, me entran ganas de llorar, porque no lo comprendo. No sé qué ocurre para que la pureza se vea transformada en un instinto que no se asemeja al animal, un instinto que tal vez ha aparecido de otra galaxia, un instinto que nunca sabremos de dónde sale...

El viento nos balancea con fuerza y rompo a llorar. No puedo sacarme de la cabeza a todos esos seres humanos, si es que ese nombre se ajusta a sus características, que son malos. Malos en el peor sentido de la palabra. Malos que asustan. Malos reales, que no salen de las pesadillas porque en verdad nos rodean...parpadeo. Siento que yo tengo la suficiente fuerza interior para no dejarme apagar.

Trazo líneas invisibles en el fondo del cielo azul, y cuando el brazo se me cansa, bajo a deslizar suavemente mis dedos por la hierba. Esto es lo que me mantiene viva, esta energía tan bonita. Tú estás parado, observando, y yo te dedico todas estas palabras. Muchas veces es mejor alguien que sepa escuchar aunque no pueda hablar, al menos no a mi manera. Tú eres especial, tienes el maravilloso don de hacerme sentir bien con sólo existir.

Permito que una abeja se me pose en el brazo, cierro los ojos y siento; justo como haces tú. Respiro, una y otra vez, consciente e inconscientemente. Existo, vivo, soy. Tres palabras clave. Noto el zumbido del pequeño bicho, que se aleja y escucho también tu respiración. Me pego a ti, te abrazo, y dejo que me traspases toda esa luz que llevas. Que fluya, que ella sola venga a mí. Sin necesidad de movimiento, sin necesidad de esfuerzo, solo dejándola ir.

Me siento más libre que nunca, más fuerte que nunca, y más pura que nunca. Soy consciente del proceso evolutivo que empecé nada más tomar la decisión que tomé. Nada más rodearme de energías inmaculadas. De vidas puras.

Aunque sea la única persona en este lugar, aunque me sienta sola, estoy acompañada siempre, por muchísimas vidas, no importa lo diminutas que sean. La vida me rodea, nos rodea, a pesar de que nos empeñamos muchas veces en matarla, en acabar con ella.

Estoy rodeándote a ti, un gran roble, fuerte y viejo. A su vez, me rodean las briznas de hierba y algunas florecillas. El viento sigue soplando con intensidad y empiezo a llenarme.

Alguna especie de magia se está colando en mi interior. Tal vez ese es nuestro propósito en la vida, ser personas luz. Ser personas arte. Ser personas buenas.