Juvenalia

En Juvenalia había tanta gente joven que siempre era todo muy divertido o al menos eso creíamos todos.
Cuando aquellos laboratorios se instalaron en la ciudad a todos nos pareció interesante. Era el progreso y nuestra ciudad se haría famosa.
Era inofensivo para nosotros porque no se trataba de instalaciones radioactivas o cementerios nucleares. Estos laboratorios iban a crear nuevos seres mejores que nosotros porque no envejecerían nunca.
Cuando nos lo plantearon no pensamos en nada más que en las mejoras que nos prometieron para la ciudad, solo por instalarse aquí. Se construyeron nuevas instalaciones deportivas, nuevos colegios, centros comerciales y de ocio, y además se mejoraron las comunicaciones con las ciudades cercanas.
De lo que no nos dimos cuenta al principio, ni nos habían contado, es que al mismo tiempo estaba aumentando la vigilancia sobre todos nosotros.
Realmente lo que ocurriría después es que seríamos su centro de experimentación a gran escala.
Nos habíamos convertido en un enorme laboratorio, donde comprobar cómo se comportaban estos nuevos seres que serían el futuro de la humanidad.
Al principio no notamos nada. Pasaron los años y crecieron con nosotros. Eran nuestros compañeros de clase, nuestros vecinos y nuestros amigos. Crecían con nosotros y todo era normal.
Pero los años pasaron, y llegó un momento en el que ellos dejaron de cambiar.
Ya no envejecían y para nosotros sí pasaba el tiempo.
Entonces todo empezó a complicarse y comprendimos que la vida sería extraña para todos, para ellos y también para nosotros.
Nosotros teníamos la sensación de no poder seguir con el mismo estilo de vida, ya no tendríamos treinta años siempre. Nuestros gustos cambiaron, ya no queríamos tantas horas de deporte o salir tanto con los amigos. Empezamos a preferir otros destinos de viaje y teníamos otras prioridades.
Nuestra visión de cómo educar a nuestros hijos era distinta y cuando nuestros hijos crecían nosotros también, éramos familias como las de siempre …
Algo además acabó complicándolo todo, aunque supongo que los científicos siempre debieron pensar que podría ocurrir.

Pablo y María, se conocieron, y aunque sabían que su vida juntos sería en si misma todo un experimento decidieron vivir juntos.
El era un ser creado en el laboratorio, no envejecería nunca a partir de los treinta años, pero María …. Ella sabía que moriría viendo siempre joven a Pablo.

Algo totalmente desconocido quedaba por conocer. ¿Cómo serían sus hijos?
Poco tiempo después Inés y Jorge nacieron. Eran mellizos, pero no eran iguales.
Inés envejecería como su madre, y Jorge se mantendría joven como su padre.

Esto ya no era solo un experimento.
¿Qué deseaban estos nuevos seres? ¿Habían tenido la oportunidad de decidir?
¿Podríamos conseguir que pudieran ser como ellos quisieran con una alteración genética inversa a la que diseñaron en el laboratorio aquellos científicos años atrás?

En ese momento los científicos se basaron en la teoría endocrina por la que los genes que regulan el envejecimiento son portadores de relojes biológicos que actúan a través de las hormonas para controlar el ritmo de envejecimiento mediante la señalización de insulina o IIS. Este sistema de control regula el crecimiento y el metabolismo y fue modificado genéticamente para mejorar nuestra especie haciendo que no envejeciéramos con el paso del tiempo.

La vida de la familia fue aparentemente normal hasta que los años pasaron y un día a María le preguntaron por la calle si Pablo era su hijo y si estaban paseando a sus nietos.
Todo empeoró cuando para Inés el tiempo seguía pasando mientras Jorge se mantenía siempre igual, con las mismas ganas de salir y hacer deporte que siempre … como su padre.

Mucho tiempo después, cuando María murió y en su entierro Inés ya necesitaba la ayuda de Jorge para poder subir las escaleras, en el aire flotaba la pregunta para todos nosotros.
¿Teníamos el control de este experimento? ¿Todo esto tenía sentido?
Parece fácil responder si solo pensamos en los seres que se crearon en sí mismos, siempre aislados, como una especie diferente.
Pero eran humanos como nosotros, ¿o no? ¿Podríamos realmente vivir juntos?
Quizás la respuesta esté en que podemos alterar genéticamente a nuestra especie, hacednos más altos, ágiles, fuertes o llegar jóvenes a nuestro final, pero ¿qué ocurre con nuestra mente? ¿Estamos preparados para no envejecer?
¿Somos realmente humanos si no envejecemos? Quizás no tenemos el derecho a cambiar nuestra especie sin el riesgo de acabar con ella, sin dejar de ser humanos incluido el llegar a envejecer.