La perfección de Jade

Todo comenzó un 21 de noviembre de 1995, cuando Claudia y Jorge se conocieron. Con el tiempo, al igual que la mayoría de las parejas, empezaron a hacer planes de futuro, así como casarse y formar una familia. Ambos tenían muy claro que les gustaría tener una niña pelirroja y con los ojos claros, pero no creían que esto pudiera ser posible, ya que esto no se puede elegir. Acorde a las características físicas de estos, era muy difícil que tuvieran una hija con los rasgos mencionados anteriormente, debido a que la pareja era morena y con los ojos oscuros. Para ellos, lo más importante no era el físico sino que no tuviera ningún riesgo de padecer algún tipo de enfermedad por lo mal que lo pasó Claudia en su infancia a causa de la leucemia. Esta tuvo que someterse a diversos tratamientos médicos muy duros, tanto físicos como psicológicos, así como quimioterapia combinada con la radioterapia, múltiples análisis de sangre, incluso le realizaron un transplante de médula ósea, lo que al tiempo le hizo mejorar. Durante esta dura etapa, Claudia no pudo asistir al colegio, no podía ir al parque con sus amigos ni relacionarse con ellos. Por lo que no querían que su futuro hijo pasara por lo mismo que ella.

Claudia y Jorge se encontraron en una terraza con unos amigos, a los que no veían hacía mucho tiempo, ya que se habían mudado a Quenta un pueblo más bien pequeño alejado de la sociedad a la que ellos pertenecían, Zaragoza. Pilar y Marcos, iban acompañados de una niña de aproximadamente unos tres años. Claudia se dio cuenta de que la niña era tal y como Pilar siempre había soñado, lo que le extraño. Uno de los temas de los que hablaron fue el motivo de su mudanza. Se comentó que su hija había sido “creada” a partir de los genes que los padres deseaban, esto solo se podía llevar a cabo en Quenta donde la mayoría de los habitantes del pueblo eran transgénicos, esto hasta ahora solo se daba en plantas o animales a los cuales se les inyectaba por ingeniería genética genes para producir proteínas de interés industrial o mejorar algún rasgo de estos, pero el avance tecnológico y los estudios realizados hicieron posible la modificación genética de los seres humanos.

Tras la interesantísima charla que tuvieron el día anterior con sus amigos, Claudia y Jorge se replantearon ir al pueblo del que Pilar y Marcos habían hablado, para así poder tener a la niña que deseaban. Y así hicieron, marcharon a Quenta, en busca de más información acerca de los transgénicos. Aprendieron que el método utilizado es conocido como transgénesis, y que este consiste en la transferencia del material genético proveniente de otro organismo. Mediante la transgénesis se abre la posibilidad de introducir genes responsables de la salud de los humanos, por lo que de esta manera se podrían vencer enfermedades hasta ahora incurables como el Alzheimer, cánceres determinados, etc. Era justo lo que Claudia y Jorge querían para su hija. El gen que se introduce puede provenir de una especie emparentada o de otra totalmente distinta. Por lo que decidieron dar un paso adelante y arriesgarse a “crear” a su hija a través de la transgénesis, pero para ello debían trasladarse a Quenta, ya que era un proceso que requería un largo periodo de tiempo.

Llegado el 2 de enero del año 2000, la Dra. Martínez les dijo que para comenzar este proceso Claudia debía quedarse embarazada, ya que se necesita un embrión con el cual los médicos puedan experimentar y realizar la trangénesis. Y así hicieron, pasaron dos meses, y ya los doctores podían comenzar con el proceso. Primero debían extraer el ADN de un cromosoma del embrión. Luego, extraer el transgen o el gen que se le va a introducir al embrión, el que tiene la nueva información genética, la cual Claudia y Jorge querían. Más tarde, interviene la ingeniería genética por la cual es posible la clonación de genes y por tanto la modificación y fragmentación del ADN que habían extraído la primera vez. Tras este largo proceso de dos meses, Claudia debía visitar a la Dra. Martínez cuatro veces cada semana, para asegurar la salud de su bebé.

Nueve meses más tarde, llegó el día del nacimiento de Jade, un precioso bebe pelirrojo, de grandes ojos verdes. Todo había salido perfectamente, era la niña con la cual siempre habían soñado.

Actualmente, Jade, tiene 16 años, nunca ha padecido ningún tipo de enfermedad, y vive felizmente con sus padres en el maravilloso pueblo de Quenta.