DICEN QUE SOY YO

Entre llegar a ser algo que se quiere ser y quedarse parado en los cánones de una sociedad, hay diferencias. Yo intenté que se notara y creo que mis esfuerzos no fueron en vano.

“Venían, estaban viniendo, no me querían aquí. Deseaban que me retirara con mis queridas estrellas. Pasaría a ser parte de mis estudios, iría al firmamento que observaba cada noche y cada día”. Eran las frases que me repetía constantemente en mi cabeza. Sabía que en algún momento llegaría a pasar.

“¿Qué haces tú aquí?” Me solían preguntar esos jóvenes a los que les proporcionaba todo mi conocimiento. Mi respuesta era siempre la misma “Yo os doy la clase”.

Y en ese momento empezaban a hablar por lo bajo o directamente se retiraban a ver a alguien al que consideraran digno de conocimiento.

Creo que en el mundo de la ciencia yo no era bienvenida. En cierto modo era raro verme a mí en medio de todos aquellos con un rasgo muy distinto al mío. Pero me daba igual, yo continué.

La inteligencia no se veía, pero estaba.

Esa que hizo que me respetaran fue la que causó mi trágico adiós.

Me perdieron pero también yo la perdí a ella, a mi filosofía, astronomía y matemáticas.

Yo espero que no sea extraño dedicarse a la ciencia en el siglo XXI porque en el mío no fue fácil conseguir lo que me propuse.

Y, es que, yo viví hace muchos años. Concretamente entre los siglos IV y V. Mi nombre es Hipatia, primera mujer matemática, que a muchas he abierto este espléndido camino.