La élite

Erika se levantó y fue corriendo al baño. Era el tercer día consecutivo en el que se levantaba con náuseas, quizá su sospecha era cierta, estaba embaraza. No podía aplazarlo más esa mañana se haría el test de embarazo.
En el exterior de la casa el estridente sonido del altavoz alteró la quietud de la selva amazónica, los obreros debían encaminarse al trabajo. Las largas filas de indígenas se dirigían a la mina de oro controlados a ambos lados por unos guardias altos, fuertes, rubios y de ojos azules. Erika se miro al espejo, su apariencia era exactamente la misma que la de los guardias, tanto que se pensaría que todos ellos eran hermanos. Eran la clase dirigente de su sociedad, una sociedad dirigida por humanos manipulados genéticamente para tener una apariencia física determinada. Su ADN era genéticamente manipulado para no padecer ningún tipo de enfermedades hereditarias, inmunidad a las enfermedades conocidas y para poseer un potencial intelectual superior a la media.
Al observar a los obreros indígenas dirigirse al trabajo, su mente viajó al pasado, recordó lo que su abuelo le contó acerca de su pasado.
Al finalizar la segunda guerra mundial, el abuelo Karl y otros muchos oficiales y científicos del III Reich lograron escapar en un submarino que los llevó a la costa Brasileña. Allí tomaron posesión de las tierras que, en previsión, habían adquirido hacía tiempo. Gracias a los estudios genéticos que muchos de los doctores y científicos huidos habían realizado en los campos de exterminio, lograron desarrollar “la Vacuna”, un suero que inyectado a la madre en las primeras semanas del embarazo garantizaba que el bebé naciera genéticamente perfecto.
Estos niños eran educados desde muy pequeños para conformar la clase dirigente, la élite que era muy superior a los indígenas pequeños y débiles con una inteligencia y estructura social muy inferior a ellos.
Los indígenas eran considerados mano de obra barata, la elite desde la infancia era adoctrinada para que consideraran a estos poco más que animales de carga, a los que con unos cuidados básicos se podía mantener útiles para realizar los trabajos domésticos y físicos como los de la explotación de la mina de oro que era la principal fuente de ingresos de la sociedad.
Los obreros que vivían en un campo de concentración alejado del complejo residencial, organizado como un poblado autosuficiente vigilado y dirigido por la élite, debían cubrir sus necesidades vitales y la de los dirigentes.
Erika nació y creció en esta sociedad. Desde muy pequeña fue educada en las consignas de esa sociedad perfecta, su padre era el líder de la “raza suprema”. Desde muy pequeña aprendió que pertenecía a una raza superior que estaba libre de todos las deficiencias genéticas que el resto del mundo padecía y que, un día no muy lejano estaba destinada a gobernar el mundo, imponiéndose a una sociedad decadente repleta de enfermedades y defectos genéticos que los hacía inferiores.
Pero todo cambió para Erika el día que conoció al padre de su futuro hijo. Se llamaba Tabaré, era un indígena que trabajaba en el jardín de la casa de Erika. Desde el primer momento que lo vio sintió una atracción que con el tiempo derivó en un amor prohibido. Las leyes de su sociedad prohibían las relaciones personales entre la élite y los inferiores, el mestizaje era considerado un crimen penado con la muerte.
Los amantes vivieron su amor clandestino protegidos por la familia de Tabaré. Esas circunstancias hicieron descubrir a Erika lo equivocadas que estaban las enseñanzas que había recibido desde pequeña. Descubrió que esos seres inferiores no lo eran, que amaban sufrían y reían igual que ella y descubrió en la sociedad indígena lo que era la solidaridad y la igualdad entre los seres humanos. En las horas en las que se encontraba furtivamente entre los indígenas decidió que las cosas debían cambiar, que ella no era superior por su apariencia física o por su cuerpo inmune a las enfermedades que padecía el resto de los humanos.
Aprovecharía su posición superior en la sociedad de la selva para intentar cambiar la situación. Como hija única del líder a la muerte de este asumiría el liderazgo, y lucharía para cambiar el adoctrinamiento que sufría su gente desde su nacimiento.
Ahora con su embarazo sus posibilidades aumentaban, le inyectarían “la vacuna”, su hijo nacería genéticamente perfecto. Nadie sospecharía por su aspecto que el niño era mestizo y Erika lo educaría en la igualdad y el respeto entre todas las razas y personas. Con el tiempo ese niño crecería y sería el nuevo líder, sería su caballo de Troya. ¿Conseguiría su propósito?.