Los seres más afortunados de todo el universo.

-Hace billones de años, no existía nada, ni estrellas, ni galaxias, ni siquiera existía el tiempo. Y, de súbito, una explosión de talla cósmica marcó el inicio del universo. Al principio era pequeño, estaba formado por partículas que se movían a velocidades increíbles y que estaban a temperaturas difíciles de imaginar. Pero con el paso del tiempo, las partículas se empezaron a agrupar en numerosamente creando las estrellas. Estas son las mismas que iluminan el cielo nocturno con un tono blanquecino. Parece mentira que de semejante caos de partículas surgiera algo como una estrella, pero los sucesos increíbles no acaban mas que empezar. Estas estrellas brillaron intensamente durante años y años. Pero finalmente, su vida llega a su fin. Cuando una estrella muere, explota con una energía que supera la de cualquier otra cosa imaginable, y en estas explosiones colosales se crearon nuevas partículas más pesadas que las que ya existían en el universo de aquel entonces. Estas nuevas partículas se agruparon de nuevo, y crearon los planetas, que bailan alrededor de las estrellas en órbitas en una danza cósmica. De nuevo, parece mentira que todos los planetas se hayan formado a partir de las partículas que se crearon en los últimos instantes de una estrella agonizante. Pero como ya he dicho, los sucesos increíbles no han hecho mas que empezar. En uno de esos planetas, ciertas partículas empezaron a adquirir formas muy complejas, más complejas que cualquier otra cosa en el universo. Y, de repente, estas formas complejas cobraron vida. A partir de aquí, en este planeta es todo una pelea entre estos nuevos seres vivos para sobrevivir y reproducirse. Es una batalla épica en la que cada ser vivo toma una estrategia diferente. Algunos evolucionaron de formas sorprendentes, llegando a ser grandes como edificios o pequeños como granos de arena, rápidos como coches, fuertes como rocas... todo para ser la especie más fuerte, y para reproducirse, claro. De cada generación, sólo unos pocos de los seres vivos tenían descendencia, y solo unos pocos de los descendientes tenían descendencia. Desde luego, no era fácil sobrevivir. Pasaban millones de años, y ninguna especie se declaraba como vencedora en esta batalla por dominar al resto de seres vivos. Pero un linaje en particular, que en un momento dado llegó a ser casi tan grande como un caballo y en otro llegó a tener tres ojos, tras años de batalla, consiguió alzarse como vencedor, había conseguido ganar esta guerra biológica de millones de años de duración.
-Menuda historia. Me sorprendería que hubiera pasado algo así.
-¿Por qué lo dices?
-Pues... son demasiadas coincidencias. Desde luego, si dicho linaje vencedor existiera, se podrían considerar los seres más afortunados del universo.
-¿Y si te dijera que dicho linaje existe?
-¿De verdad? Y, ¿Quiénes son los afortunados?
-Somos... nosotros.