La misteriosa fuerza

Cuando tenía seis años padre me dió un juego muy raro. Me dijo que era su juego favorito a mi edad.
En la caja ponía “Geomac”. No sabía lo que quería decir.
Abrí la caja y me encontré con unos palitos de colores de la medida de mi pulgar y unas bolitas muy relucientes.
Al coger un palito todos se pegaron entre sí al instante. Me asusté pero continué tirando de ellos hasta formar una gran línea que se rompió por la mitad.
Con dificultad saqué uno de los palitos pero “una fuerza misteriosa” quería que no se separaran.
De golpe, la otra punta de la “cuerda” se engancho a mi coche de juguete, ¿cómo podía ser eso?.
Mi madre entró en mi cuarto a coserme los bajos del pantalón y cuando dejó el costurero cerca de las bolitas los alfileres corrieron mágicamente hacia ellas. Se formaron bolitas “erizo”, ¡qué divertido ¡
Cuando conseguimos quitar todos los alfileres decidí ir al cuarto de mi hermano a enseñarle mi “magia”. Puse los palitos y las bolas encima de su escritorio y la pantalla del ordenador empezó a distorsionarse. De pronto se volvió toda azul. Mi hermano me pegó un buen grito y me echó a empujones de su cuarto. Tras cerrar la puerta oí que decía : “¿ a quién se le ocurre jugar con imanes cerca de un ordenador?!”.
Fui corriendo a buscar a mi padre, le conté lo sucedido y tras ponerse la mano en la cabeza y salir pitando hacia el cuarto de mi hermano , descubrí que la fuerza de atracción provocaba misterios de risa y misterios de no tanta risa.