Destino

Todo empezó el dia que decidió dar el paso.

Hacía mucho tiempo que tenía planeado hacerlo pero no se lo había planteado en serio, cogió el coche y se fue a la protectora. Sabía que era un cambio muy radical pero ella lo quería ver como una responsabilidad. De aquel dia no pasava, no pensava volver a casa sin un perrito.

Cuando llegó a la protectora le mostraron todos los perros que tenían. Al cabo de un rato ella ya sabía cual escogería. Se había enamorado de una perrita que parecía muy traviesa. Era muy parecida a un Husky aunque possiblemente fuera mestiza. Era de dos colores, blanco y negro. Decidió llamarla Kala, nombre muy común entre perras pero que aunque era bastante popular le gustaba mucho.

La llevó a casa i decidió pasar el dia con ella. Se fueron al parque a jugar un ratito, mientras le estava lanzando la pelota se dió cuenta que la perra cojeaba un poquito pero no le dió importancia, pero cuando regresaron a casa se dió cuenta que aunque fuera todavia una cachorra, le costaba demasiado subir la escaleras, así que decidió ir al veterinario a comprobar que no fuera nada grave.

Una vez visitada la llamaron y el veterinario le dijo que eso no era normal que sucediese en perras tan jovenes así que tendrian que hacerle una ecografía para descubrir lo que era. Cuando le hubieron hecho la ecografia y examinada con todo detalle, le dieron la mala noticia. Le dijeron que tenia Displasia de cadera, que es una enfermedad hereditaria y que afecta a los huesos, de manera que les produce cojera y dificultades para hacer según que actividades.

Le recomendaron que no expusiera al perro a ejercicio físico excesivo y que llevara una dieta sana para no tener sobrepeso. Le explicaron que era una enfermedad común en los perros de raza grande o gigante. También le dijeron que esto era una enfemedad crónica y progresiva, es decir que cada vez iría a peor, pero tenia tratamiento. El veterinario le recomendó de comprarle una silla de ruedas para perros, que le ayudaría a no usar más la patas de delante que las de atrás y perdiese músculo en las traseras, producinedo un efecto negativo para ellas. Por último le recetó antiinflamatorio para que le reduciera el dolor.

Cuando regresó a casa estaba demasiado triste y se tumbo al sofà. La perra se quedó mirandola desde abajo del sofá y con el hozico le dió unos pequeños golpecitos para darle a entender que quería subirse. Fue en aquel instante cuando se dió cuenta que aunque fuera una perra con unas habilidades físicas muy reducidas llegaría a hacer cualquier cosa como todas la demás pero con la necesidad de que su dueña o cualquier persona le ayudase.