Una Sorpresa Desertica

Hace apenas unos días, un compañero de clase nos contó una historia preciosa sobre dos hermanos africanos.
El pequeño, se llamaba Zed y sólo tenía seis años y su hermana Sara que era un poco más mayor, ocho años. Los dos hermanos se querían mucho y se divertían juntos.
La pequeña aldea en la que vivían, de apenas cincuenta habitantes, estaba situada en medio del gran desierto del Sahara.
La primavera estaba terminando y ya se notaba el intenso calor del verano. En la aldea de Zed y Sara casi ya no había agua. Los habitantes debían emprender un largo viaje a cientos de kilómetros, hasta llegar a otra zona en el otro extremo del desierto donde tenían la suerte de tener siempre agua.
Pasados unos días, Zed, Sara y su familia comenzaron esa dura travesía.
- ¿A dónde vamos mamá?- pregunto Zed a su madre.
Zed era muy curioso y siempre quería saberlo todo.
- Al otro lado del desierto, necesitamos tomar provisiones de agua para el duro verano. Llevaremos cántaros en los camellos y regresaremos con ellos llenos de agua, como cada año. – le contestó su madre.
Ambos hermanos estaban contentos, pero a la vez algo preocupados porque ese viaje era muy duro, pero sabían que era necesario hacerlo.
Zed y Sara montaron en sus camellos, cargados con los cantaros y todo lo necesario para el viaje.
El viaje duraba varías semanas, pero casi sin darse cuenta ya estaban cerca del agua, y entonces el desierto les dio una gran sorpresa.
Algo espectacular estaba sucediendo: ¡Estaba lloviendo..!
Para Zed y Sara esto era un sueño, pues nunca habían visto llover.
- ¿qué está pasando? ¿por qué cae agua del cielo?. – preguntó Sara a sus padres.
- Está lloviendo Sara, es una gran sorpresa que llueva en esta zona del desierto – contestó su padre.
Ambos hermanos estaban fascinados, pero no entendían el porqué de la lluvia.
- ¿Qué es llover? – pregunto Zed. Su padre con una sonrisa en la cara le respondió.
Cuando hace mucho calor, el sol calienta las gotas de agua de los ríos y los océanos y las eleva hasta el cielo. Allí las gotas se refrescan y se quedan descansando en las nubes. Pero llega un momento que las nubes no pueden más con tanto peso y las gotas vuelven a caer otra vez a la tierra en forma de lluvia. El agua de la lluvia termina en los ríos y estos en los océanos donde las gotas de agua cuando tengan demasiado calor volverán a cielo.
Zed y Sara escucharon las explicaciones de sus padres con la boca abierta y sorprendidos por la naturaleza del agua.
Mientras ellos jugaban bajo la lluvia muchos animales salían a refrescarse y se les veía felices.
Pronto terminó de llover. Sólo quedaban algunos charcos donde los dos hermanos saltaban y se mojaban.
El viaje había llegado a su fin pues los padres de Zed y Sara habían aprovechado la lluvia y había llenado los cantaros de agua.
Los hermanos muy contentos regresaron junto a su familia a su aldea, para ellos este último viaje había sido muy diferente, habían descubierto una gran sorpresa que escondía el desierto del Sahara.