El amor y otras enfermedades del corazon

Estimados señores:
Como he sido conocedora de su interés de mecenazgo en la comunidad científica les adjunto mi experimento por si se diera el caso de que estuvieran interesados:
Es verídico que en pleno apogeo de la Segunda Guerra Mundial hubo un gran número de conspiraciones contra Hitler, pero no todas con la directa intención de matarlo. Una de las más pintorescas y la que nos atañe hoy aquí, consistió en mezclar estrógenos, también conocidos como hormonas femeninas, con su comida con el fin de hacerlo más sumiso y manejable.
Parece del todo innecesario señalar que este experimento no dio ningún tipo de resultados.
Se especuló sobre este fracaso, alegando lo complicado que era, dadas las circunstancias, añadir cualquier substancia extra a la comida del Führer, o las pocas cantidades que se le suministraron, que hubieran tardado años en dar resultados palpables.
Aun así, la idea de utilizar ciertas hormonas para cambiar el carácter de otra persona según sea nuestra conveniencia sigue siendo interesante.
Y de esa idea parte este estudio que, si tienen ustedes a bien, patrocinaran.
Hace años se tenía al amor como algo raro e incomprensible, casi una enfermedad que hacia mutar la personalidad de los que lo padecían. Gracias a la ciencia actual somos conocedores de que esta mutación no es más que un incentivo de nuestro cuerpo a encontrar pareja mediante la segregación de una hormona llamada oxitocina que nos hace estar, como se dice de forma coloquial, enamorados.
El experimento consistiría en sintetizar una toxina (o droga si así prefieren llamarlo) de oxitocina creando en las personas una falsa sensación de enamoramiento.
¿Cómo se conseguiría eso? Si suministráramos de forma paulatina oxitocina a un sujeto haciendo que siempre estuviera cerca a una persona en particular, al final su organismo relacionaría a esa persona con ese artificial sentimiento de amor, y con felicidad. (No es una idea tan descabellada, no sería más que una variación de la tradición de dar chocolate a los enamorados (un alimento, de hecho, muy alto en oxitocina) sustituyendo el chocolate por fármacos).
Utilizado durante el tiempo suficiente si de repente se dejara de suministrar de forma radical, se podría dar la situación de que el organismo relacionara a esa persona con el efecto de la oxitocina y por si solo la generaría de forma natural.
Creo que esta toxina nos podría traer muchos beneficios.
Solo piensen en la posibilidad de que Eva Braun, amante y esposa del anteriormente nombrado Hitler, hubiera sido una espía. Imagínense todas las ventajas que hubiera conllevado para los Aliados tener a alguien así en esa posición tan privilegiada.
Ya en la edad media los nobles exhibían a sus hijas como a ganado ante el rey de turno, con la esperanza de que alguna le cayera en gracia consiguiendo así un trato ventajoso entre la familia y la corona. Además de que algunas de estas amantes llegaban a desbancar a la misma mujer del rey, adquiriendo privilegios para ellas misma, e incluso poder político.
Esto último prueba que se pueden sacar beneficios inmensurables si se sabe controlar el corazón de alguien influyente. Sería una lástima desperdiciar esta valiosa idea cuando abre un abanico tan amplio de posibilidades.
Por eso según mi punto de vista lo mejor sería venderlas a agencias de inteligencia, como la CIA, o como mínimo, en el caso de que consideren oportuno comercializarlo a un público un poco más amplio, que nunca llegara a ser accesible a todo el mundo. Puesto que le quitaría valor al productor y dejaría de ser una posible arma para no ser más que una mera curiosidad.
Espero que allá sido de su interés, y recibir noticias suyas pronto.

Atte: Dra. Melanie Jean Hoffman
Instituto científico y psicológico de Richmond
para la búsqueda de enfermedades psíquicas
y del comportamiento.