Pony

Mi madre y yo estábamos muy unidas. Me acuerdo que hasta los 2 años de edad siempre me cogía de ella, para sentirme protegida. Ella era una madre excelente: me enseñó a sobrevivir y lo básico para defenderme. Nos queríamos mucho, pero cuando tenía tan solo 7 años, y aún no me había acabado de formar, mataron a mi madre y aprovecharon mi vulnerabilidad para cogerme. Lo siguiente que recuerdo es despertarme entre rejas en un coche. Podía ver que al lado tenía a unos hombres armados. Estaba en shock: acababa de ver como mataban a mi madre, y, encima, me encontraba entre los hombres que mi madre siempre me mantenía alejada. Lo siguiente que hice fue intentar escapar de esa jaula, pero no tenía la suficiente fuerza ni en las garras ni en los colmillos para romper el hierro. Seguidamente empecé a gritar para que alguien de los míos me oyera, pero nada. Lo único que conseguí fue una fuerte sacudida a la jaula y un grito de parte de un hombre. Continué gritando y agitando la pequeña jaula, cuando de repente vi una aguja.
Lo siguiente que recuerdo es despertar en un sofá, encadenada por los brazos y por las patas. Pero notaba algo raro en mí: me habían cortado el pelaje. Me intenté librar de esas cadenas, pero no sirvió de nada. ¿Qué querían de mí? Estaba bloqueada y muy confusa. No sabía qué hacer ni cómo reaccionar, cuando, de repente oí unos pasos. ‹‹¿Me vienen a salvar?›› Me pregunté. Pero que equivocada estaba. Entraron dos hombres: uno cogió mi cara y el otro tenía un objeto muy extraño en la mano: era pequeño, con forma de cilindro y con la punta roja. ‹‹¿Era una pintura?›› Lo acercó a mis morros y yo intenté forcejar, pero me resultó imposible ante la fuerza de ese hombre y me rendí. Me empezó a restregar eso por los morros y cuando terminó me enseño un espejo. Me había pintado el morro, pero, ¿por qué? No paraba de intentar escapar, pero era imposible. Después me tiraron un spray que olía a plantas raras. No entendía nada. Se fueron y me dejaron allí toda la noche. Me desperté por el sonido de unas voces y unos pasos. —Según mi madre tenía muy buen oído—. Entró el primer monstruo (de 1825 que empezarían mi pesadilla) y abusó de mí. Así fue cada día durante 5 años.
La semana pasada fue mi rescate y fue lo mejor que me ha pasado en mi vida. Desperté con un sonido diferente al que siempre solía hacerlo. Eran gritos y más gritos. Al cabo de unos diez minutos acabaron. Vino el monstruo número 1825, el último, pero para entonces yo no lo sabía. Cuando acabó, el día transcurrió como siempre. Más o menos por el atardecer oí un sonido, el de los “ángeles de la guarda”, como me había dicho mi madre. Cuando ese sonido ya fue captado por las orejas de los humanos con los que “vivía” empezaron a correr y a gritar. Estaban histéricos. Oí que el coche paraba justo delante del lugar en donde estaba. Empecé a gritar como nunca. Por fin sería libre. De repente se abrió la puerta y apareció una cara que nunca había visto. Era la de una mujer de unos 35 años. Se acercó a mí y me empezó a sacar las cadenas que habían impedido moverme durante 5 años. Empecé a corretear y a saltar, nunca había sido tan feliz. La chica me cogió y me llevó al coche, donde vi que no solo había uno, sino 7 coches más. Todos para rescatarme a mí. Llegamos en un sitio donde me curaron todas las heridas y creí que después de eso me dejarían libre. Pero me equivoqué otra vez. Me encerraron en una jaula muy grande, al lado de otras jaulas con orangutanes como yo. Hacía mucho que no veía a los míos, y estaba bloqueada, no sabía qué hacer.
- Eh, guapa, ¿qué te trae por aquí? – Me dijo el orangután de mi derecha. Era muy guapo, pero me hacía mucho miedo hablar con alguien, hacía demasiado tiempo que no me comunicaba. – ¿No tienes lengua o qué? – Y todos se pusieron a reír
- ¿Por… por qué estoy aquí? – Pregunté.
- Bienvenida al centro de rehabilitación BOS. Soy Royce y todos hemos pasado por algo similar que tu.
Y aquí estoy, en mi séptimo día de la rehabilitación. Me han hecho muchas pruebas y analíticas. Royce entiende la lengua del humano y me ha dicho que me faltan unas cuantas semanas, pero no me importa. Sé que aún estoy encerrada, pero, después de todo, esto es lo mejor que me ha pasado en mi vida.