El peor día de mi rutina

Era un día normal, un día de mi rutina. Ya era lunes. Me quedaría toda la mañana en la cama si pudiera. Pero tenía que ir a la escuela a enseñarles las partes del cuerpo a mis alumnos. Por, cierto me dolía demasiado la cabeza en ese instante. Algo me pasaría ese día rutinario. Me levanté de la cama y fui a ducharme y relajarme un poco. Esa ducha me ayudó mucho a prepararme para ir al trabajo. De repente me entró mucha hambre y me puse a comer los mismos cereales integrales de cada mañana, pero me falló una cosa, no me quedaba leche en la nevera. Busqué por todas partes y no encontraba nada de nada. Finalmente me comí los cereales sin la maldita leche. Acabé de almorzar y me puse a corregir unos exámenes que tenía pendientes para entregar a los alumnos de cuarto. No los acabé de corregir porque ya no podía más. Me volvía a hacer mucho daño la cabeza. Decidí ir a una cafetería cercana para comprar un café porque en mi casa tampoco había. No hacía casi nunca la compra. Como podéis ver tenía una vida muy desordenada. Bajé a la cafetería y me pedí un café con leche descafeinado de sobre. Me lo tomé y el camarero me preguntó que qué me pasaba. Yo le respondí que no sabía lo que me pasaba pero que llevaba un día muy raro. Me fui otra vez para mi casa porque tenía que ir a buscar mis cosas del trabajo. En el momento en que llegué a casa decidí que cogería la bicicleta. No me gusta contaminar el medio ambiente. Soy bióloga, he de dar buen ejemplo. Salí de casa y desplegué la bici. De mi casa a la escuela habían unos diez minutos pedaleando. Empecé a pedalear y me sentí muy bien porque mucha gente me saludaba con alegría. Me alegraron la mañana. Me paré a saludar a unos viejos amigos que no veía des de hacía demasiado tiempo. Ahí perdí muchísimo tiempo. Ya iba tarde a la escuela. Empecé a pedalear muy rápido y decidí cruzar la calle con el semáforo en rojo. Crucé. Tuve la suerte de que no pasaba ningún coche. A la siguiente calle que tenía que cruzar también estaba en rojo y también decidí cruzar. En esa ocasión tuve mucha mala suerte, muchísima. Crucé y cuando estaba en medio de la calle me atropellaron…
Ya no me acuerdo de nada más, solo sé que tengo una asimetría bilateral. Esto quiere decir que tengo deformidades por todo el cuerpo. Y no puedo ni caminar.