Ahora no, por favor

No tengo tiempo, tengo que correr. Solo tengo cinco minutos para el café, tres para llegar al trabajo, dos más para llegar a mi piso y uno para llegar a la mesa. Tengo dieciséis minutos para hacer un informe, veinte para enviar el borrador de la noticia y lo siento pero no tengo tiempo ni para presentarme.
No me lo puedo creer aún estoy haciendo cola para el café y solo me quedan dos minutos. Cuando ya estoy me para una joven voluntaria de una organización y me para. No puede ser me quedan 30 segundos para llegar a mi mesa y aún estoy en el ascensor.
Ahora me llama el médico que ya tiene los resultados de mis pruebas psicológicas obligatorias y quiere que vaya urgentemente. Pero a les cinco debo ser en el colegio a recoger a mis hijos y a en diez minutos llegar a sus clases de repaso. Luego tengo veinte minutos para llegar al médico, que me atenderá cuando llegue y en cinco minutos seré fuera y dispuesta a ir a hacer la compra para que a les seis pueda recoger a los niños e ir a casa. Allí en treinta minutos debo dejarlo todo bien recogido para que cuando llegue mi marido podamos cenar y a las diez en punto los niños vayan a la cama y yo pueda acabar mis informes. Y para acabar el día a las once y media a dormir porqué mañana toca madrugar.
Ya son las cuatro y cincuenta y tres y aún no he llegado al colegio. Llego muy tarde y no sé como remediarlo. Ya sé cogeré un atajo. Pero en él aún hay más gente, no seque voy a hacer.
Por fin he llegado al colegio y como no, mis hijos aún no han salido. Vamos con tres minutos de retraso. Pero llegamos justo a tiempo y yo ya puedo irme corriendo hacia el médico. Esto de vivir en la ciudad es una pérdida de energías porque siempre tienes que ir corriendo de arriba a abajo sin poder parar y para colmo siempre hay atascos.
Después de veintiún minutos llego, por fin, al médico, que como ya os había dicho, me hace entrar sin tener que hacer cola. Ya en su despacho me mira con cara de preocupación y me dice:
- Señora Pascual, ¿ha sufrido mucho estrés con el cambio de su pueblo natal a la ciudad?
A lo cuál yo respondí:
- Un poco. Pero es lo normal, ¿no?
- En algunos casos si, -me respondió- pero usted ha estado tan estresada últimamente que las pruebas le han detectado inicio de esquizofrenia. Lo siento. Últimamente ha habido muchos casos en los que el estrés ha provocado esta enfermedad.
- No lo sienta doctor, pero ¡ahora no, por favor!, no tengo tiempo.
- Señorita Pascual, yo le recomendaría reposo absoluto, y no bromeo con lo de absoluto, para ver si desaparece, si no desaparece y va a más deberá ser hospitalizada de inmediato para más pruebas e intentar que no avance.
No me lo puedo creer. Reposo absoluto. No puedo no hacer nada. Esto va a ser un golpe muy duro. Espero superarlo. Una enfermedad no puede acabar conmigo.