Un pez poco afortunado

Un hermoso día de primavera en un rio glacial convivían seis truchas, dos de ellas eran muy jóvenes y no conocían el peligro. Sus padres siempre les decían que se alejaran lo máximo de la catarata, que si te arrastraba la corriente no podrías escapar de ahí. Pasaron días, semanas, meses, hasta que finalmente las truchas eran completamente adultas. Entonces una de las truchas decidió que iría a ver la catarata desde más cerca, y así lo hizo. A medida que se acercaba más a la catarata la corriente era más y más fuerte. En este instante apareció un oso pardo, hambriento, de cinco o seis años y con cicatrices de posibles enfrentamientos en el lomo. El oso se acercó al río y cuando vio la trucha, se lanzó directo a cazarla con sus grandes fauces y sus terroríficas garras. El oso le lanzó un rápido y fuerte zarpazo a la pobre indefensa trucha, pero ésta lo esquivó, y tras varios intentos fallidos el oso mandó con solo un golpe la trucha al otro lado del rio. La trucha estaba mal herida, la vida se le iba por las manos, pero ella era fuerte como un roble y no se dio por vencida, saltó al rio. El rio glacial arrastró la trucha hasta la catarata, ésta, con pocas fuerzas resistía la corriente hasta que finalmente se desmayó y cayó por la catarata. Por suerte poco a poco se fue recuperando hasta que ya pudo nadar con normalidad. La trucha miró la catarata y comprendió que ya nunca jamás podría volver arriba con sus amigos.
Ésta historia está basada en el comportamiento de un agujero negro y cualquier objeto que esté en su alcance. No hay nada conocido que pueda escapar de un agujero negro (lo conocido hasta ahora), ni los fotones. ¿Pero por qué un agujero negro se traga la luz si los fotones no tienen masa? La respuesta es que un fotón en movimiento no tiene masa, pero si está en reposo la energía se convierte en masa, por lo tanto, sólo algo que fuese más rápido que la velocidad de la luz podría escapar.