¡Ay!

¡Ay!, mi querida tele, aquella que dijo que beber 2L de agua al día era lo mejor, porque claro, la comida no lleva agua para nada, nos pasamos el dia bebiendo, gastamos todos exactamente la misma cantidad de energía todos en todo momento… ¿Tiene sentido, verdad?

¡Ay!, mi querida tele, aquella que dijo que el mejor plato para empezar el día era uno con un 73% de colesterol (lo mejor para el corazón, obviamente).

¡Ay!, mi querida tele, aquella que pone anuncios en las campanadas, aquella de los documentales falsos, entrevistas falsas, noticias falsas e intenta dejar mal a Internet a la mínima que encuentra.

Aquella que habla de noticias sin fuentes, sin investigación, la del copiar-pegar, aquella que predice el futuro, la de los 7 minutos de anuncios cada 30 segundos.

Y es que la tele ya no es, ni podrá volver a serlo, la fuente más fiable y segura de información.

Se han ganado la fama de estafadores a pulso, solo para conseguir esos miles de espectadores más.

Internet les ha afectado, mucho más de lo que parece. Con ella, la información no se canaliza por una única vía, sino que puede ser contrastada entre Wikipedia y diversos blog de forma casi infinita, verificar fuentes y cambiar los errores que encuentres, en solo unos minutos.

Ya no hace falta esperar hasta las 10 de la noche para ver tu programa favorito, ni aguantar esas interminables horas de anuncios. Internet ofrece la posibilidad de ver todo lo que quieras, cuando quieras y como quieras, sin pausas para anuncios.

¡Ay!, mi querida tele.