Trescientos sesenta y cinco

-Levántate, no te descuides el zumo de naranja, está encima de la mesa.

Cada día, los trescientos sesenta y cinco días del año, a las ocho de la mañana. Mi madre tiene una obsesión con que me tome el zumo de naranja porqué tiene vitamina C y no se qué más historias que me dice. No podría tener una frase más grabada en el cerebro, pero por parte la entiendo ya que de pequeña he tenido muchos problemas con infecciones bucales e incluso anemia por falta de esta vitamina.
Me levanto, me tomo el maldito zumo, me visto y salgo de casa. Cojo el autobús y allí me encuentro con mi grupo de amigos que nos reunimos cada mañana mientras vamos a clase y hablamos de cosas varias, por ejemplo ayer a la hermana pequeña de Sara, Inés, se le cayó su primer diente y se asustó de tal manera que sin decírselo a nadie se la volvió a pegar con pegamento. Al cenar, su madre vio que tenia el diente medio colgando y como haría cualquiera se lo arrancó. Inés empezó a llorar tanto que la llevaron al médico porque se ahogaba. Seguimos hablando de nuestras cosas y cuando llegamos todos nos bajamos y hacemos nuestro mayor esfuerzo para concentrarnos en las clases. Las horas pasan y pasan y finalmente suena el timbre, ¡libre!, ¡por fin soy libre! Mis amigos y yo salimos media hora más tarde para coger el autobús y así ir directos a casa. Hoy nos hemos quedado hablando un rato en casa de Carla, se ve que sus padres como se separan le han comprado un móvil nuevo y una pila de películas y discos de música de sus artistas favoritos.

Pongo mi primer pie dentro de casa y la primera cosa que oigo al llegar a casa es, a ver si adivináis, sí, exacto, "tómate el zumo de naranja, está en la cocina". Si me lo vuelve a decir una vez más me va a explotar la cabeza, lo peor es lo que viene después, "tómatelo rápido que se le van las vitaminas". Cualquier día de estos voy a explotar, pero por ahora no tengo otro remedio que tomarme el zumo y seguir con el día. Subo a mi habitación, me tomo el zumo y me pongo a hacer los deberes. Cuando acabo bajo directamente al salón porque siempre me entretengo y cuando acabo ya es hora de cenar. Hablamos un poco y me vuelvo a mi habitación, me estiro en la cama y sin darme cuenta a los pocos minutos ya estoy durmiendo.
Me levanta la luz brillante del sol, ayer me olvidé de bajar las persianas. Bajo a la cocina y allí me encuentro a mi madre, como no, haciendo el zumo de todos los días. Ayer hice un poco de búsqueda y me enteré que hay una ciruela, mi fruta favorita, que se llama ciruela Kakadu australiana y tiene cien veces más vitamina C que la naranja. Incluso son beneficiosas a la piel gracias a los fitoquímicos como el ácido elágico y gálico, encima por dentro su pulpa es verde, ¿qué más se puede pedir?
-Hola cariño, que temprano te has levantado hoy. Ahora acabo con el zumo y te lo tomas rápido que no se le vayan las vitaminas.
-No.
-¿Cómo has dicho?
-No me lo voy a tomar, estoy harta del zumo de naranjas, incluso sabes que ni me gustan. ¿Por qué no compras ciruelas Kakadu? Seguro que están buenísimas y tienen más vitamina C que las naranjas que me haces tomar cada día.
-Eso son tonterías, nunca he oido de esa fruta. Seguro que es algo que la gente se ha inventado para engañarte. Déjate de cosas raras y haz el favor de tomarte el zumo.
-Y si te digo que en algún lugar del parpadeo de un canal de televisión mal sintonizado se encuentra la radiación de fondo desprendida por el Big Bang, ¿también dirás que es falso y es publicidad para que la gente compre televisiones? Todo esto está comprobado por científicos, mamá.
-Mira, si no te quieres tomar el zumo no te lo tomes, yo no me creo nada de esto que encuentras por internet, eso lo puede escribir cualquiera. Vete arreglando que hoy el autobús pasa quince minutos antes.
La conversación podría haber ido peor, no me puedo quejar, pero me molesta que no me crea cuando se lo estoy explicando y son cosas realmente comprobadas científicamente, pero al menos yo ya tengo anécdota para contar esta mañana en el autobús mientras llegamos a clase.
Las clases van mas o menos como cada semana, excepto que hoy ha faltado nuestro profesor de matemáticas y la gente se ha empezado a tirar cosas y a gritar, ha sido bastante divertido. Como cada día suena el timbre y hoy me dirijo directamente a casa, estoy bastante cansada aunque no se por qué.
No se cómo se lo hace pero parece que tenga un radar conmigo, es pisar el suelo de casa y parece que mi madre tenga un sistema incorporado que le permita saber que soy yo. Me quedo quieta esperando y ahí va su frase.
-Tómate el zumo y ven al salón cuando acabes, he encontrado un canal en la televisión que solo parpadea y se escucha un ruido muy extraño de fondo, a ver si tú sabes qué es.
No tengo más ganas de discutir, y se que no me va a creer si se lo vuelvo a decir así que no puedo hacer otra cosa que no sea asentir.
-Sí, mamá, ya me tomo el zumo y ahora vengo.
Un momento, ese canal de televisión... ¿puede ser lo que yo creo que es?