Le llamábamos loco.

Cada día, después de desayunar tenía por costumbre ir al parque a tomar el aire fresco. Llegaba aproximadamente a las nueve de la mañana y me sentaba siempre en el mismo banco.

Me gustaba ver a los carruajes pasar y a la gente pasear.

Había otras muchas personas en el parque. Algunas caminaban y conversaban animadamente. Otras, como yo, se sentaban y observan el ir y venir de los paseantes o daban de comer pan a los patos.. y después estaba él, mi vecino.

El pobre hombre era muy raro.

Bajábamos a la misma hora. Yo me sentaba en el banco y le observaba.

Él se dedicaba a dar de comer a las palomas y rescataba a las heridas llevándoselas a casa donde las cuidaba. Muchos días le veía llegar al parque con alguna de ellas ya recuperada y ponerla en libertad.

A veces él me invitaba a pasar por su casa para tomar un té y, aparte de tener muchas palomas, tenía la casa muy desordenada.

Todas las habitaciones estaban repletas de planos, investigaciones a medio acabar y cientos de raros objetos de metal y de cristal.

Yo, que en aquella época estudiaba el comportamiento humano, pensé que sin duda tenía un trastorno compulsivo obsesivo. Era un caso de libro.

Sin duda era un soñador. Un día me contó que él creía que en un futuro habrían unas maquinas voladoras y que llegaría un día en que las mujeres podrían superar todos los obstáculos y conseguirían la igualdad entre los sexos. Yo le advertí que si iba por ahí diciendo esas cosas la gente le llamaría loco.

Mi mujer me pedía que no fuera con él, que me alejara, pero yo creía en él.

Era el mejor hombre que conocí en mi vida, le ayudaba en alguna investigación que llevaba en mente, él no quería fama ni una buena reputación él solo quería ayudar a la gente costara lo que costara.

Fue un loco en esa época porque decidió cambiar el mundo, decidió seguir adelante cuando nadie creía en él y cuando no tenía los medios para hacerlo.

Pero gracias a él habrá un futuro mejor, con su “locura” empezó todo.

Una mañana me contó su gran plan: construir un rayo de la muerte, lo iba a llamar “teleforce” y se trataba de un arma terrible. No bromeaba, desarrolló un proyecto muy elaborado.

No os mentiré si os digo que me llegó a dar miedo. Ese día pensé en mudarme de ciudad...

Había ocasiones en que llamaba a mi puerta de madrugada para explicarme un importante avance en sus trabajos o una nueva idea que se le había ocurrido. Él apenas dormía dos horas cada noche. Otras veces no le veía en varios días, era capaz de trabajar días, seguidos en su laboratorio sin pegar ojo.

Algunas de sus investigaciones más arriesgadas nunca se las contó a nadie.. ni tan sólo a mí.

Fue el inventor de la transmisión por radio, del motor de inducción y sobre todo de la corriente alterna.

Pero sólo era un loco, creo que se llamaba Nikola Tesla o algo así.




Berta Mata