38 semanas

Estoy encerrada en lo que creo que es un cuarto oscuro y húmedo. No sé cómo he llegado aquí, no me acuerdo de lo que pasó antes de que llegara a este lugar; es como si me hubieran borrado la memoria, es como una especie de amnesia, o como si tuviera una conmoción cerebral que me hace olvidar toda mi vida anterior. Mis pupilas se han dilatado y me familiarizo con la oscuridad, pero aún así, no se ve nada.
Sé que me quieren con vida ya que de vez en cuando me traen algo de comida, pero es un alimento extraño; es líquido, pero tiene distintos sabores dependiendo del día.
No puedo moverme mucho, estoy atada por una especie de cuerda que me rodea el abdomen, así que no sé por dónde escapar.

Llevo 28 semanas aquí, si no he perdido la cuenta. Hoy he podido oír sonidos procedentes de gente de fuera de este cuarto.
No sé cuánto tiempo más podré aguantar aquí.
Parece que van aflojando la cuerda que me rodea.


Duermo, como y me muevo; pero todavía no he tenido ninguna interacción con otro ser humano en estos ocho meses que llevo aquí.
Noto que en este tiempo he crecido mucho, pero aun así no logro acordarme de nada. Antes estábamos solamente yo y mis pensamientos pero últimamente logro oír algunas voces y algunos ruidos del exterior.
Lo único que deseo es irme de este lugar. Doy patadas y golpeo las paredes esperando alguna respuesta. Pero nada, todo permanece como antes.

Si no he perdido la noción del tiempo, este será el noveno mes que llevo en este lugar. De repente veo una luz, se ha abierto una especie de túnel que alumbra el cuarto oscuro en el que estoy, que ahora que el sol se refleja en los colores de la habitación, puedo decir que es de un naranja oscuro. Intento salir de aquí por el túnel de luz, pero algo me mantiene en mi sitio; la cuerda en la que estoy atada.Me muevo mucho y veo que es inútil, el túnel se cierra. Por culpa de los movimientos me he enredado con la cuerda y no puedo respirar, me estoy asfixiando con ella y no me la puedo quitar del cuello.El oxígeno no llega a mi cerebro. De pronto se forma una gran grieta en el techo y aparecen dos ganchos de cinco puntas enormes que me sacan de este húmedo sitio. Debido a mi falta de aire no puedo ver muchas cosas ni moverme demasiado. Lo único que puedo percibir antes de perder el conocimiento son personas de desmedido tamaño cortándome la cuerda.

Hace 14 años de esta historia, de hecho, es del día que nací: el día que mi madre recibió a su primera hija por cesárea.