Por ti

“Calor, una sensación de hogar recorría mi cuerpo cuando lo abrazaba. Ese sentimiento de alegría inexplicable que te obliga a sonreír sin tan siquiera saber el por qué. Ese sentimiento que aparece al encontrarte cerca de alguien en quien puedes confiar plenamente, en esa persona que te ha visto crecer mimándote y convirtiéndote en la “reina” de su mundo. Ese es el sentimiento incomparable que te transmite un abuelo.
Estar con él era como contemplar una puesta de sol, observando su majestuosidad y absorbiendo cada haz de luz. Sin embargo, cuando eres pequeña nunca terminas de comprender que, por muy bonitas que sean esas puestas de sol, tienen un tiempo limitado, y tras ellas viene la fría noche aterradora. Entonces la negrura nos invade, un negro tan profundo que parece no tener fin. Un negro que se refleja en la mirada de una niña, ahogada por mareas de lágrimas que desbordan sus, hasta entonces, inocentes ojos.
¿Por qué mi abuelo? ¿Por qué cuando todavía me quedaban tantas tardes en el parque con él? ¿Qué es lo que hace que pasemos de estar bien a abandonar este mundo? ¿Qué hace que el milagro de la vida, unos pequeños individuos llamados células, se conviertan en el causante de la antítesis de la misma? ¿Cómo la subdivisión de estas puede generar los temibles tumores? ¿Cómo una alteración genética termina por generar una metástasis? ¿Cómo una mutación en el ADN puede habérselo llevado? Cáncer me dijeron que se llamaba aquel desalmado que se había llevado la vida de mi abuelo por delante. Lo que yo no sabía es que, aquellas preguntas sin fundamento que me hacía de pequeña, buscándole un sentido a mi pérdida, se convertirían en el motor de mi investigación. He dedicado, lo que parece ser mucho tiempo, buscando sin descanso y plena dedicación, estudiando cómo hacer involucionar el avanzado proceso de expansión del cáncer una vez diagnosticado; hasta que finalmente di con la clave, clave que hallé en la creación de un fármaco, cuya composición no puedo desvelar, pero se fundamenta en gran medida en el compuesto de la vida, el carbono. ¿Qué irónico, verdad?
Este fármaco tendría como objetivo la destrucción de las células que no mueren en el proceso continuo de regeneración de tejidos celulares. Y aunque en ese momento jamás me lo hubiera planteado, eso fue lo que ha hecho posible que esté aquí frente a ustedes hoy.
Y me reconforta pensar que mi abuelo no murió en vano, y como él ninguna de las personas que han fallecido debido a la segunda causa de mortalidad en España. Todas esas muertes tienen ahora sentido, todas esas muertes han hecho posible que ahora me encuentre recogiendo este premio gracias a este pequeño gran logro en el camino de la cura contra el cáncer. Me resulta imposible explicar la satisfacción que siento al estar recibiendo este galardón, galardón otorgado a tantas celebridades en todos los campos del saber a lo largo de la historia. Por ello, agradecer a La Real Academia de las Ciencias de Suecia por haberme concedido este grandioso honor.”
Releí una vez más mi discurso, y finalmente le di mi aprobación. Abrí mi baúl de los recuerdos y con mucho cuidado lo guardé. Una vez cerrado susurré:
-Alguna vez lo leeré, te lo prometo abuelo.