el presente ya es pasado

EL PRESENTE YA ES PASADO
No hay ninguna máquina más perfecta que nuestro cerebro. Ningún robot que pueda pensar tan bien como nosotros lo hacemos; ningún navegador que nos conduzca como lo haríamos nosotros; ningún ordenador que sea capaz de decidir cambiar algo que no sale bien. Pero también nuestro cerebro es un perfecto desconocido.
Sabemos qué piezas cambiar cuando se estropea un coche, un ordenador o cualquier máquina. Y, a veces, son las máquinas las que nos ayudan a encontrar las averías. Sabemos qué medicinas tomar para curar casi todas las enfermedades del cuerpo; pero sabemos muy poco sobre el funcionamiento del cerebro y como mejorarlo, si no va bien. Por eso las enfermedades del cerebro nos asustan y creemos que todas las personas a las que les falla algo en su cerebro y no se comportan como la mayoría están locos y nos apartamos de ellos, algo que no haríamos con un ciego, un diabético o los que tienen problemas en el corazón.
Cuando tienes una enfermedad física las medicinas suelen ayudar mucho, y cuando se cura puedes dejar de tomarlas. Pero las medicinas para el cerebro casi nunca funcionan del todo bien, precisamente porque se sabe menos de él que de otros órganos. Además tienen muchos efectos secundarios y a veces hay que tomarlas para toda la vida y acaban provocando enfermedades físicas. Cuando tomas pastillas no tienes una memoria tan grande como las otras personas, que en un momento pueden estudiar dos páginas y recordarlas.
Además las máquinas se fabrican todas iguales utilizando las mismas piezas y por eso todos los coches de un mismo modelo y todos los ordenadores de un mismo modelo funcionan igual. En cambio, aunque la materia de la que está hecho es en todos los casos la misma, el cerebro de cada persona funciona distinto: unos son más inteligentes, otros tienen más memoria; unos son más tranquilos, otros más nerviosos; unos son más sociables, otros más reservados; unos se concentran fácilmente, y para otros conseguirlo es una tarea que supone un gran esfuerzo.
Ni siquiera cada uno de nosotros conoce cómo va a funcionar su cerebro: a veces estamos tristes y no sabemos por qué; otras alegres sin que haya ningún motivo.
Y ¿a quién no le ha pasado que cuando está viviendo una situación se da cuenta de que eso él ya lo había vivido antes en su cerebro? Entonces, eso, que para los demás es el presente, para el que cree haberlo vivido ya es pasado. Siempre que eso ocurre quedamos sorprendidos de lo extraño y complicado que puede ser nuestro cerebro y no podemos dejar de preguntarnos si somos capaces de adivinar el futuro y aun no lo sabemos. Otras veces nos llegan imágenes, que enseguida se van, de algún momento que parecía imposible recordar porque éramos muy pequeños. Y hay quien dice que se acuerda del momento en que nació y de sus primeros meses de vida.
Quizá algunas personas si hayan conseguido que trabaje esa parte de su cerebro donde están grabados todos los recuerdos; y quizá otros, como los adivinos, no mienten cuando dicen que pueden ver el futuro de los demás, porque para ellos son muchos más esos momentos en que el presente ya es pasado.