Un diario sin destinatario

Era un día soleado en la playa de Pompeya. El agua era cristalina y la arena blanca y suave como un cachorro. Marco y Giovanni habían ido a la playa con sus padres y se lo estaban pasando muy bien. Giovanni era el hermano mayor tenía el pelo oscuro y una mirada muy profunda, por el contrario, Marco tenía el pelo rubio como el sol i unos ojos azules como el cobalto.
Mientras sus padres estaban tomando el sol Marco y Giovanni fueron a unas rocas para ver si se podían tirar y encontraron entre las rocas una botella de vidrio que la corriente del mar había arrastrado. Cuando la encontraron, la cogieron y dentro hallaron un papel con que parecía ser muy antiguo, escrito en latín. Al verlo corrieron rápidamente hasta su madre que era profesora de historia y de latín y le pidieron que les tradujese la carta. En la carta ponía:
24 de agosto del 79 d.c.
Me he levantado con una sensación extraña. El suelo estaba temblando. Salí a ver qué pasaba, pero no vi nada, así que continué con la rutina de cada día. Ir al mercado y después ir al teatro.
Esta tarde el Vesubio ha comenzado a escupir polvo y me he ido de la ciudad porque tenía la sensación de que algo estaba a punto de pasar. Me he llevado mi carro y cuando ya llevaba varias horas de camino oí un ruido estremecedor y me volví para ver lo que pasaba. El espectáculo era impresionante, la ciudad se sumergió en cenizas y la lava teñía toda la ciudad de color rojo. Desde allí se oía un ruido infernal, toda la gente de la ciudad suplicando por su vida y yo desde allí sin poder hacer nada. Ahora solo tengo este diario todo lo que tenía ha desaparecido. Si alguien lee este diario que cuente a todo el mundo lo que ha pasado e intenta prevenir otro desastre como este.