Mi Otra Yo

1 | “Al cruzar dos variedades de una especie de raza pura, cada uno de los híbridos de la primera generación tendrá caracteres determinados similares en su fenotipo.”

No sé qué hago aquí.

Realmente, creo que ninguno de nosotros doce sabe qué hace aquí.

Nadie dice nada, pero tampoco hacemos un esfuerzo por entablar conversación con el de al lado. Un silencio impoluto se instala en las cuatro paredes blancas que nos rodean. Miro el blanco suelo mientras estiro las líneas de mis blancos pantalones.

Aquí todo es blanco. No hay otro color que destace excepto el de nuestros cabellos. Supongo que lo utilizan como una retorcida excusa para "limpiar" sus pecados.

“Perdona por experimentar contigo, pero aquí todo es blanco, por lo tanto, estamos absueltos”.

Sí. Muy retorcido.

Parpadeo varias veces ante la radiante luz que trae consigo la puerta mecánica que acaba de abrirse. ¿Quién será el siguiente? Los doce sujetos, porque eso es lo que somos, nos miramos con ojos expectantes. Escucho alguna que otra respiración nerviosa y varios susurros. Están asustados. Yo no. Dejé de sentirme asustada en el mismo instante que me metieron en ese laboratorio.

Ahí me lo arrebataron todo. Incluido el miedo.

Varias chicas se cogen de las manos, sus pálidas pieles entrelazadas en un agarre singular. Qué ingenuas. Eso no va a salvarlas.

Me preparo mentalmente para lo que está por venir. Si dicen mi nombre, estoy muerta. Eso significa que el experimento ha salido bien y paso a la siguiente fase.

En otras circunstancias pasar a la siguiente fase sería equivalente a estar más cerca de la victoria, ¿no? Bien, no en este caso. Esto representa estar un paso más cerca de mi propia autodestrucción.

No tengo tiempo de seguir pensando porque la misma persona que se llevó a Alizée hace dos horas ha regresado.

Durante dos eternos segundos solo hay silencio. Después, el peor sonido que podría haber escuchado.

“Ciel”

Mi nombre.



2 | “Los factores genéticos se separan de cada uno de los padres en alelos individuales que se juntarán para procrear una descendencia con las características de la primera generación.”

La voz es fría y cortante, como si estuviera llamándome para mi propia sentencia de muerte, lo cual, en cierto modo, es exactamente lo que está haciendo.

Me levanto firmemente y la sigo a través de pasillos y salas que no me molesto en recordar. Nos paramos en una puerta corrediza con dos guardianes vigilándola. La mujer teclea una combinación de diez dígitos y pasamos dentro.

Intento contener el grito en mi garganta.

Delante de mí, muy por delante de mí, se encuentran más de veinte cápsulas con una “yo” dentro. Más de veinte cápsulas con una copia mejorada de mí. Copias de copias. Cada una mejor que la anterior.

A esto me refería, ¿para qué conservar a la original cuando pueden tener miles de copias iguales e incluso más eficaces que yo?

Un ligero tropiezo hace que caiga de bruces enfrente de la primera -o segunda, ya que sigo viva- Ciel. Flota en su diminuta cápsula mientras me mira con unos ojos vacíos y totalmente blancos.

“Tú no eres yo”, quiero decirle. Pero no lo hago, porque no es cierto. Yo soy ella y ella es yo, solo que perfeccionada.

Un escalofrío me recorre la columna al ver lo que Prometheus ha hecho. Lo que me ha hecho. Me ha arrebatado la única cosa que creía única.

Mi individualidad.

¿Y todo para qué? Para tener un nuevo séquito de jóvenes promesas listo a su disposición. Yo solo he sido el conejillo de indias. Bueno, yo y los once conejillos que todavía siguen en la sala de espera.

Camino hacia adelante con un nudo en el estómago. Mientras recorro mi paseo de la fama personal, no puedo evitar recordar todo aquello que me ha hecho llegar hasta aquí.

Primero me llevaron a un laboratorio donde me hicieron pruebas. Después, me dieron el visto bueno. Luego, me inyectaron un suero para mejorarme.

Y a partir de ahí, me replicaron.



3 | “Existen rasgos generados de forma independiente, a través de cromosomas alejados que no intervienen entre sí.”

Llego hacia la última cápsula, que se encuentra vacía.

Hago ademán de abrir la boca, pero la otra Ciel ya se encuentra detrás de mí. Me muerdo el labio para no dejar ver mi sorpresa.

Esta Ciel no es pelirroja ni tiene ojos claros. No. Esta Ciel es completamente rubia y de ojos negros como el ónice.

Es yo y su propia persona a la vez. Como si hubiera desarrollado una personalidad taxativa.

Algo perfecto creado a partir de algo imperfecto.

Qué ingenioso, Prometheus.

Doy un paso adelante para saludar a la otra Ciel.

Mi otra yo.