Mi universo

Luna. Ese es mi nombre. Tengo muchos millones de años pero me da vergüenza contaros la cantidad exacta. Vivo en la Vía Láctea, una galaxia muy bonita con mis seis hermanos y mis padres. Mi padre se llama Sol y tiene un carácter tan fuerte que incluso mi madre gira a su alrededor. Mi madre se llama Júpiter y es muy grande pero no tanto como mi padre. Mi hermano mayor, Saturno, es muy grande también porque ya ha dado el estirón y además se ha puesto un aro porque ahora está de moda. Tengo dos hermanos gemelos Urano y Neptuno que tienen una atmósfera rica en hielo por eso en verano pasan tanto calor. Luego está Venus, mi hermana, es muy bonita porque tiene ríos de lava y volcanes y mis otros hermanos la envidian. La Tierra es mi hermana también nunca presta demasiada atención porque se distrae con sus cosas, ¡cómo si tuviera personas viviendo en ella! Y a veces nos escupe aparatos. Mi hermano favorito es Marte, es rojo y no se parece a ninguno de mis hermanos pero siempre está allí para nosotros y ayuda mucho. Mi hermano más pequeño es Mercurio, su ídolo es mi padre y siempre está a su lado aunque con precaución porque es como jugar con fuego, si te acercas demasiado te quema. Por último estoy yo, La Luna. Soy la hija más pequeña y estoy alrededor de mi hermana La Tierra porque mis padres piensan que no soy lo suficientemente mayor como para poder estar sola. Muchos de mis hermanos piensan que no soy de su familia sino que soy un satélite. Un satélite, ¿pero quién se han creído ellos que son? ¿Planetas?
Cómo podéis observar ser la hija pequeña de una familia de ocho miembros no es lo mejor del universo pero también tiene sus ventajas. Como mi madre siempre está dando vueltas y mi padre no está muy atento a veces puedo hacer cosas bastante divertidas. Por ejemplo: provocar mareas a La Tierra, esconderme y aparecer, iluminar La Tierra mucho, poco o muy poco, etc. Me lo paso muy bien haciéndole esto. Pero un día ella se vengó de mí. Me escupió un aparato tan pequeño que no lo pude ni ver venir. No sabía que había una cosa dando vueltas tan cerca de mí así que yo estaba muy tranquila, hasta que noté algo en mi cabeza. Era como si alguien me hubiera puesto un sombrero. Luego, de ese sombrero salió algo que me provocó muchas cosquillas; parecía que tenía vida propia. Después de esas cosquillas paso algo muy doloroso, me clavaron algo puntiagudo en toda la cabeza. La Tierra parecía contenta.