una vida dedicada a la investigación

Subí los escalones de mi casa, agotada, aburrida de hacer cada día lo mismo, sin fin. Me entrego en cuerpo y alma a mi trabajo sin aún obtener nada a cambio, ya carezco de fuerza alguna para hacer cualquier cosa. Estaba a punto de entrar en casa cuando oí alguien gritar, me giré y vi que era Ewa, una buena amiga de la infancia.
-¡Maria espera!
-¡Ewa!- grité alegrada de volver a verla – ¿Qué haces aquí? Te he dicho que no me llames Marìa, que ahora estoy casada ¿recuerdas?
-Maria, Pierre está muy emocionado, dice que vayas a verle en seguida- dijo acercándose corriendo
Me cogió de la mano y me condujo hacia el sitio donde se encontraba Pierre
Mi marido estaba en la puerta del laboratorio, esperando, cuando me vio se dibujó una gran sonrisa en su cara.
-Por fin, por fin lo hemos conseguido-me agarró de la mano y me condujo hacia dentro- por fin nuestro trabajo tiene el resultado que se merece-añadió.
Después de tantos años de trabajo descubrimos dos nuevos elementos, uno lo llamamos polonio, en honor a mi tierra natal, el otro radio.
Nuestros siguientes cuatro años fueron muy duros, trabajábamos en unas condiciones terribles, tratando una tonelada de pechblenda solo para obtener un gramo de radio. Un año después obtuve el doctorado en ciencias físicas en la universidad de parís.
Pasado medio año, recibimos una carta, en ella había escrito el nombre de Marie Curie y estaba cerrado con un bonito sello de color carmín hecho con cera fundida.
-Pierre, ha llegado una carta-dije enseñándole el sobre-a ver…? – añadí quitando el sello
-No puede ser…-dijo Pierre sorprendido-has ganado un premio nobel, eres la primera mujer del mundo en ganar un premio nobel- mencionó dándome un fuerte abrazo.
Tres años después teníamos dos hijas. Habíamos ido a coger flores al campo cuando vimos a un hombre correr hacia nosotras. Decía algo de Pierre i unos caballos en el centro del pueblo. Así que temiéndome lo peor deje a las niñas en casa y fui corriendo hacia el pueblo. Allí vi un pelotón de gente. Empecé a meterme entre ella hasta que entre mis lágrimas vi un cuerpo estirado en el suelo, un cuerpo…el cuerpo de Pierre, el cuerpo de mi marido.
Años después estalló la guerra. Decidí utilizar la radiación para poder curar con más facilidad a los soldados. No eran tiempos fáciles para nadie así que llegue a la conclusión que lo mejor era ayudar.
Veinte años después Marie Curie murió de leucemia, enfermedad producida por los efectos de la exposición a la radiactividad, pero lo más importante es que murió habiendo ayudado los demás y habiendo abierto una nueva puerta a la medicina actual.